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Astrid Sánchez
06/05/2026 | Mérida
Un pequeño predio en medio de la comunidad de Huechen Balam resguarda entre sus paredes todo un legado respecto a la cacería y la dinámica entre los mayas y los venados, una relación forjada desde tiempos ancestrales que se ha rodeado de mitos, experiencias y profundo respeto.
Se trata del Museo Comunitario del Venado y la Cacería Tradicional, un proyecto consolidado gracias al esfuerzo de dos alumnos: José Gervasio y Bridy Jimena quienes comenzaron explorando información sobre los animales que habitan en la comisaría y la cacería y con el acompañamiento del profesor Andrés Basante se logró que la comunidad se involucrara y cediera el espacio.
Fotos: Astrid Sánchez
Los jóvenes se interesaron por las actividades de fototrampeo y después por el conocimiento maya sobre los venados y como el proceso de titulación de la Universidad del Bienestar en Yaxcabá solicita que todos los proyectos tengan un regreso a la comunidad, decidieron armar el museo para compartir con otras personas el resultado de su investigación.
“Empezaron a hacer una investigación muy profunda de una etnografía y sacaron las creencias, los conocimientos, las prácticas que todavía se conservan sobre las dos especies de venado que hay aquí en la comunidad y lo planteamos como una museografía. Gervasio es el enlace con los adultos mayores y con las nuevas generaciones de cazadores porque él es cazador”, explica Andrés Basante, profesor de Etnoecología.
Así, el Museo Comunitario, ubicado en lo que era un molino de maíz que se quemó y se encontraba en abandono, aunque es pequeño ofrece un amplio recorrido: desde las características del venado cola blanca y el venado temazate, los mitos que rodean la caza, algunas recetas con esta carne y datos generales de este animal, muy apreciado por los mayas.
Pese a que la caza puede ser una actividad criticada, el equipo destaca que es una práctica ancestral que sigue valores para garantizar el respeto a las vedas y promover la sustentabilidad, que también es información que se comparte a los nuevos cazadores para que continúen con estos pasos.
“Yo soy de la comunidad, yo soy cazador, mi padre es cazador, mis abuelos son cazador y a veces no abundan mucho los venados y eso me llamó la atención, a preservar los conocimientos porque muchas personas de mi edad no saben esta información, no se involucran en el tema y queremos que lo sepan para que protejan a la especie”, señaló Gervasio.
Los dos egresados de la Ingenieria en Desarrollo Regional Sustentable y el profesor Andrés se encargaron por completo de “poner de pie” este museo.
“Nos apoyaron los cazadores de acá, donaron sus recuerdos al museo y nosotros que nos sabíamos nada de cómo montar un museo lo fuimos consolidando, tuvimos que hacer de todo: carpintería, pintura, fotografía un poquito de todo durante dos años”, detalló Gervasio.
Con este proyecto, se promueve el ejemplo en las comunidades vecinas, quienes son testigos que la organización ayuda a proteger la biodiversidad.
“Se trata de poner el ejemplo y contagiar a otras comunidades cercanas o en la península de que la cacería no debe de acabarse como algunos piensan, sino que más bien se tienen que recuperar los valores de respeto al monte y reconocer que la cacería es parte de la cultura maya desde hace milenios y que está en peligro”, declaró Andrés.
Además, el Museo también es un llamado para voltear a ver esta zona sur oriente del estado, la cual no cuenta con ningún Área Natural Protegida de orden estatal o federal y son las comunidades quienes se han organizado para defender el medioambiente.
“El museo no solamente habla del venado sino de toda la problemática que tiene la región y el asedio hacia la cultura maya y cómo en algunos temas se está perdiendo la batalla”, lamenta el profesor.