El 19 de marzo de 1915, el general Salvador Alvarado (1880-1924) entró a la ciudad de Mérida, a la cabeza del Ejército Constitucionalista.
Intentó convertir a los hacendados en empresarios capitalistas, es decir, empresarios dispuestos a competir en el mercado e innovar técnicamente para mejorar su posición competitiva; intentó convertir a los esclavos mayas en obreros agrícolas, con sus derechos laborales; intentó crear un sistema político liberal; intentó construir una ciudadanía educada, en lugar del analfabetismo que predominaba. Estableció leyes para lograr esos objetivos. Utilizó al ejército para imponer un orden que era contrario a los privilegios de la oligarquía yucateca, de la “casta divina”. Pero, en sentido contrario a lo que dicen los defensores de la oligarquía, de entonces y de ahora, Salvador Alvarado no tuvo intenciones de destruir la riqueza henequenera e, incluso, durante su mandato dicha oligarquía obtuvo enormes beneficios. La intención de Alvarado era crear una economía capitalista eficiente, moderna, competitiva; una sociedad liberal que garantizara los derechos de cada grupo social, que garantizara a los ciudadanos el acceso a la educación.
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Manuel Martín Castillo
Fototeca Guerra/UADY
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