La Jornada Maya

Paul Antoine Matos
Foto: Raúl Angulo Hernández
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Viernes 8 de agosto, 2016

No era el Palacio de Bellas Artes con la expectativa de la llegada de las cenizas de Juan Gabriel, pero eso pareció. Anoche, una muchedumbre de 300 personas se arremolinó en el lobby del Teatro Peón Contreras, con la esperanza de entrar a ver el Ballet Nacional de Cuba, en su última función en Mérida.

Estaba a reventar. Y reventó. Algunos de los asistentes esperaron desde las 11 de la mañana, hasta las 19 horas cuando abrieron las taquillas, dos horas antes de que iniciara el espectáculo.

Los boletos, gratis, fueron el detonante de la queja. En cuestión de minutos, se agotaron, lo que mucha gente consideró como un engaño, porque “¿cómo es posible que desde hace horas estemos aquí y apenas hayan avanzado unas 10 personas y se acabaran?”, repetían varias personas.

La inconformidad se acrecentó. Los encargados del Peón Contreras formaron una barrera humana, apoyados por elementos de la Policía Municipal de Mérida y uno de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP). Los minutos pasaron. La tensión aumentó, el control se perdió.

A las 20:30 horas, media hora antes de que iniciara el espectáculo, las puertas se abrieron. Los policías y la gente del teatro sólo permitían el ingreso a quienes sí tenían boleto. Los que no, gritaban, contenidos por el muro de personas formado.

“Entran todos o no entra nadie”, clamaban los quejosos, como si intentaran honrar al ballet de Cuba con una revolución. Aparecieron los Ches y los Fideles, líderes de una revuelta a punto de estallar. Del otro lado, los policías y los encargados del teatro eran los Batistas que trituraban el triunfo de quienes deseaban disfrutar el ballet.

El vértigo del Peón Contreras incrementó. Una niña que logró ingresar derramó lágrimas, su madre la consolaba. Aterrada, confundida, en las escaleras del teatro. Ambas entraron al teatro. Otra mujer llegó agotada a la primera puerta, antes de entrar a las butacas.

Otras personas se lo tomaban más a broma, era un juego. Dos jóvenes se tomaron una selfie, con la marabunta de gente esperando ingresar como fondo.

El lobby se convirtió un pandemónium. Entre apretones, los que tenían boleto empujaban a quienes carecían de él. Por los costados de la escalera, se deslizaban tal si fueran pulpos escapando de un depredador.

El personal del teatro se movían por todo el recinto entre Pas marche y pas de bourée, para saber cómo atender una situación totalmente inesperada.

Algunos políticos y empresarios también entran. Entre ellos, el ex alcalde y actual funcionario municipal César Bojórquez Zapata, quien preguntó a los policías que “si no se ha llenado, ¿Por qué no los dejan pasar?”.

Ya eran las 21:15 horas cuando las puertas del teatro se cerraron. En el interior, aún había espacios vacíos, alrededor de 50 0 60, desperdigados por todas partes Mucha de la gente que se manifestó ya se había ido, decepcionada de ser incapaces de ingresar.

Los que se quedaron, alrededor de 50 personas, fueron ingresados de 10 en 10, por lo que la búsqueda de entrar era una lucha por apretujarse. Uno de los encargados pidió que esperaran “con mucho silencio, por favor, por respeto a las personas que están adentro y por el Ballet”.

Los policías se justificaban diciendo “yo tengo que velar por la seguridad de los ciudadano”.

Los minutos pasaron. Las 15 personas que decidieron esperar, entraron al teatro. Batista cedió. Viva la Revolución.


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