Fernando Eloy
La Jornada Maya
Frontera México-Guatemala, Campeche
Viernes 30 de junio, 2017
Eliseo de León tiene 12 años y cursa el segundo grado en Laguna Larga, municipio de San Francisco Petén, Guatemala. Sólo hay escuela de parvulitos y la primaria, pero desde hace un mes que su comunidad fue quemada y desalojada por los militares, por lo que se quedó sin clases.
El maestro no fue autorizado para seguir a la comunidad de 105 familias que ha tenido que refugiarse en la línea fronteriza de México y Guatemala.
"Los libros y cuadernos se quemaron en la casa", dice triste Eliseo.
Su papá, Manuel, está preocupado: "Ahora están felices de vacaciones pero, ¿qué va ser de ellos sin educación? Cuando crezcan, ¿que será de ellos? ¡Van a sufrir!", se responde solo.
Se espera que el fin de semana la UNICEF les lleve a unos educadores, "psicólogos o algo así", "no son maestros", advierte la representante del organismo, pero "les van a servir" y "lo van a pasar muy bien", asegura.
Para la próxima semana, ya deben funcionar las ocho letrinas que construye el pueblo con material traído por la UNICEF, y así como una planta potabilizadora que quedó de entregar la Comisión Nacional del Agua.
Por ahora, tienen asegurado el alimento para seis semanas por las despensas entregadas.
Tienen casa de campaña que los protejan de las inclemencias del clima, pero los pobladores de este campamento son cien por ciento campesinos y ahora no tienen tierras para trabajar.
Los adultos están preocupados por el futuro incierto para sus hijos, 120 menores de edad de los cuales 40 tienen menos de 2 años, y agradecieron al gobierno mexicano por voltear a verlos pues dicen, su gobierno los desprecia y los ignora.
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