Científicos úrgen a implementar órbitas cementerio ante el incremento basura espacial

Al menos 50 por ciento de los satelites en el espacio desde 1957 ya no están en operación
Foto: UNAM

Cuando un satélite queda inactivo, lo ideal es sacarlo de órbita para que reingrese a la atmósfera y se desintegre o enviarlo a una órbita cementerio para que no represente un riesgo de colisión con otros objetos funcionales”, explicó José Alberto Flandes Mendoza, investigador y jefe del departamento de Ciencias Espaciales del Instituto de Geofísica de la UNAM.

“Las órbitas cementerio son las más lejanas, al menos 235 km por encima de las órbitas geoestacionarias o arriba de los 36 mil 300 km, donde los satélites fuera de servicio quedan ‘almacenados’ para evitar accidentes”, precisó el especialista en Física planetaria.

En este sentido, recordó que estas órbitas fueron propuestas por el astrónomo checo Luboš Perek en el artículo “Remarks on the problem of collisions in the geostationary orbit” presentado en el 28 Congreso de la Federación Internacional de Astronáutica (Praga 1977) como una medida para limpiar la región de órbitas geoestacionarias y mitigar los efectos de la basura espacial en los satélites activos de esa región.

“Organismos como la IADC (coordinada por la Oficina de las Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre, UNOOSA, por sus siglas en inglés), un comité internacional donde participan agencias espaciales como las de Estados Unidos (NASA), Europea (ESA), Rusa (Roscosmos), China (CNSA) y Japonesa (JAXA), entre otras, dedicado a la coordinación de los deshechos o basura espacial, promueve o al menos recomienda el uso de órbitas cementerio”.

De hecho, destacó que la Comisión Federal de Comunicaciones de los Estados Unidos (FCC) impone como requisito a los operadores de satélites comerciales en órbita geoestacionaria, el uso de órbitas cementerio para sus satélites inactivos y, al menos, agencias como la National Oceanic and Atmospheric Administration ha trasladado alrededor de seis de sus satélites GOES, una red de satélites meteorológicos y ambientales geoestacionarios, a órbitas cementerio.

Inclusive estas órbitas fueron abordadas por la ONU desde la década de los noventa en búsqueda de regular la basura espacial.

El especialista mencionó que tras décadas de actividad espacial el volumen de desechos es considerable. “De acuerdo con las Estadísticas del entorno espacial publicadas por la Agencia Espacial Europea, alrededor del 50 por ciento de los satélites (aproximadamente 11 mil 885) que se han puesto en órbita desde 1957 ya no están en operación y en la actualidad se consideran basura espacial”, indicó.

“Mientras un cohete o alguna de sus etapas no alcance una velocidad orbital regresará a la Tierra y, en algunos casos, podrá recuperarse. Si alcanza velocidad orbital se quedará en órbita. Todavía hay flotando muchos pedazos de las misiones Apolo, las que llevaron al hombre a la Luna”, admitió.

“SpaceX, la compañía espacial privada más exitosa, puede mandar decenas de satélites en un solo vuelo, y otras compañías como Blue Origin buscan seguir el mismo esquema”, agregó.

Alberto Flandes rememoró un caso curioso: “En 2002 un astrónomo amateur creyó haber descubierto un asteroide con una composición atípica, y en realidad era un segmento de un cohete Saturno de la misión Apolo 12 que llevaba orbitando entre la Tierra y la Luna desde 1969”.

El jefe del Departamento de Ciencias Espaciales describió que los fragmentos no son pequeños: “Por ejemplo, los satélites de SpaceX pueden tener el tamaño de una persona o el de un auto compacto, pero si contamos sus paneles solares pueden alcanzar decenas de metros. También hay etapas de cohetes que pueden alcanzar varias decenas de metros”.

Ha habido ocasiones en las que fragmentos de cápsulas o cohetes han caído a la Tierra después de un lanzamiento fallido. “El incidente más grave hasta ahora –no fatal– fue el pedazo de una cápsula Dragón de Space X que atravesó el techo de una casa en Florida en 2024. También hubo una lluvia de material incandescente en las islas Turcas y Caicos en 2025 después de la explosión de un lanzamiento de una nave Starship, también de SpaceX”, relató.

Respecto al impacto de los lanzamientos en el tráfico aéreo comercial, Alberto Flandes detalló que es creciente: “Tan frecuente como los lanzamientos. SpaceX, por ejemplo, tiene dos tipos de éstos: unos ligados a sus propias constelaciones de satélites o al envío de satélites o carga al espacio; y otros que corresponden a las pruebas de sus nuevos cohetes y naves”.

El investigador precisó que estas pruebas incluyen naves de gran tamaño como el Super Heavy, que será usado en el programa Artemis. Sin embargo, el interés último de la empresa va más allá: “En realidad, el objetivo –al menos de acuerdo a Elon Musk, dueño de SpaceX– es ‘colonizar’ Marte”.

Los riesgos alcanzan incluso al tráfico aéreo. “Cada vez que hay un lanzamiento, el espacio por donde pasará un cohete debe despejarse y aunque no haya ‘incidentes’, los aviones deben desviarse y evitar la zona por los deshechos que se producen en ese espacio aéreo. Si hay algún accidente, los aviones deben desviarse”, expuso el universitario.

Asimismo, reconoció que una regulación estricta “puede minimizar los efectos negativos”.

Aunque existen iniciativas en Estados Unidos y Europa para obligar al uso de órbitas cementerio, Alberto Flandes cree que éstas son sólo parte de la solución: “Hay propuestas, pero casi todo sigue en etapa de planeación. Se habla de destruir satélites con láseres o capturarlos con pinzas o redes”, apuntó.

Al abordar señalamientos hacia la Agencia Espacial China y SpaceX por incumplir dichos estándares, Alberto Flandes fue claro sobre el mayor reto que enfrentan las agencias y empresas del sector: “Principalmente, por seguridad, deben respetar las regulaciones, ese es el detalle, y SpaceX se ha caracterizado por brincarse las reglas”.

Sin embargo, SpaceX ha buscado indemnizar o llegar a algún arreglo con quienes hayan sufrido un daño relacionado con sus lanzamientos en los Estados Unidos y Canadá, por ejemplo, afectaciones a la vivienda o caída de pedazos de sus naves espaciales en terrenos particulares. Ellos se encargan de retirarlos y se dice que indemnizan a las personas”, expuso.

Cuando ocurren estos sucesos en los Estados Unidos, abundó, las autoridades intervienen: “La Federal Aviation Administration, que es la autoridad gubernamental encargada de regular y supervisar todo lo relacionado con la aviación civil, tiene que seguir una investigación, suspender los lanzamientos hasta que se aclare lo sucedido, determinar las causas y emitir recomendaciones que, en principio, debería seguir la compañía involucrada”.

Para finalizar, Flandes Mendoza subrayó que la actividad espacial sigue siendo crucial: “Genera avances importantes para la ciencia y la tecnología. La implementación tecnológica y la exploración espaciales deben continuar. En la Tierra, se requiere seguir las regulaciones y tener más cuidado en los lanzamientos para minimizar o evitar daños”.

La advertencia es clara: en el espacio, los cementerios espaciales no son un recurso menor, sino una necesidad para mitigar los efectos de la basura y evitar poner en riesgo tanto a la infraestructura espacial como a las futuras estaciones espaciales habitadas.

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Edición: Fernando Sierra


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