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La Jornada
17/02/2026 | Ciudad de México
La figura de Sor Juana Inés de la Cruz trascendió el ámbito literario para adentrarse en el terreno de las artes plásticas, a partir de la colaboración entre especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quienes analizaron un retrato de la monja jerónima pintado por Miguel Cabrera en 1750.
La poeta novohispana murió el 17 de abril de 1695 en el Claustro de San Jerónimo, ubicado en la Ciudad de México. No obstante, el cuadro, que mide 2.10 metros de alto por 1.50 de ancho, fue realizado 55 años después de su fallecimiento. Actualmente, la obra forma parte de la colección del Museo Nacional de Historia (MNH) Castillo de Chapultepec.
De acuerdo con Salvador Rueda Smither, director del recinto, Miguel Cabrera tomó de referencia el retrato del artista español Juan de Miranda, realizado hacia 1713. En ambas obras se muestra a la Décima Musa alrededor de sus 30 años.
“El de Cabrera es el retrato icónico de Sor Juana. Para hacerlo, debió contar con las descripciones de las monjas que la conocieron. La postura en que la retrata, sentada, con la mano derecha posada sobre un libro, mientras la izquierda sostiene un largo rosario, da a su figura un aspecto lleno de espiritualidad e inteligencia”, explica.
El óleo de Miguel Cabrera —quien en 1751 inspeccionó el ayate con la imagen de la Virgen de Guadalupe y realizó tres copias un año después, una de las cuales fue enviada a Roma para el papa Benedicto XII— fue sometido a técnicas no invasivas, a fin de conocer los materiales con los que fue realizado y su elaboración. Con ello, se podrá evaluar su estado físico-químico y, en consecuencia, tomar las mejores decisiones para su conservación.
En otras palabras, el estudio permitirá obtener detalles como la dirección de las pinceladas, características de las veladuras y alteraciones, así como la identificación de sustancias orgánicas, de pigmentos y colorantes, el tipo de aglutinante y la base de preparación empleados.
Sobre los resultados preliminares, la jefa del Departamento de Restauración del MNH, Elia Botello Miranda, resaltó que se encontraron con una serie de pentimenti o arrepentimientos.
Entre las modificaciones realizadas por Miguel Cabrera destacan el ajuste en el tamaño del tintero, la corrección en la posición de las falanges de la mano izquierda de Sor Juana, con la que consiguió un gesto “más galante que devoto”, la variación en el largo del hábito e incluso la modificación de los títulos de algunos libros en la biblioteca del fondo. El análisis y procesamiento de los datos que arroje la investigación se llevará a cabo en un seminario interdisciplinario con duración de tres meses.
La imagen del fénix
Reconocer no sólo la obra de Sor Juana Inés de la Cruz, sino también su figura, permitirá que los visitantes del museo identifiquen con mayor profundidad a la poeta, más allá de asociar su rostro con los billetes de 100 pesos. Para numerosos especialistas, la monja jerónima constituye uno de los pilares fundamentales de la literatura mexicana.
Salvador Calva Carrasco, doctor en letras latinoamericanas y docente de la Universidad Autónoma Metropolitana, señaló que la escritora ocupa un lugar destacado en la poesía nacional. Además, “ahora cobra mayor relevancia por la coyuntura que se vive; es decir, por el feminismo y la revisión histórica que se está dando a todas las poetas y escritoras que han quedado al margen, digamos, del canon literario”, comentó en entrevista con La Jornada.
Explicó además que la monja jerónima, “con una voz lírica fuerte y consolidada”, comienza una larga tradición de poesía mexicana escrita por mujeres. “Si regresamos a ver su obra, nos encontraremos con una cantidad impresionante de referencias de la literatura femenina”, agregó.
Recordó el caso de la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, texto en el que Sor Juana enumera a mujeres “sumamente ilustradas”, ya fueran figuras literarias, filosóficas o teológicas, con el propósito de defender lo que consideraba un derecho esencial: el acceso al conocimiento.
Sin embargo, ese no fue el único caso en que la monja jerónima dio su testimonio, pues en la misiva conocida como Autodefensa espiritual, dirigida a su confesor, el jesuita Antonio Núñez, la escritora reclama al sacerdote por los señalamientos acerca de su vocación: “¿No estudió Santa Catalina, Santa Gertrudis, mi madre Santa Paula sin estorbarle a su alta contemplación, ni la fatiga de sus fundaciones el saber hasta griego? ¿El aprender hebreo? (…) ¿Pues por qué en mí es malo lo que en todas fue bueno? ¿Sólo a mí me estorban los libros para salvarme?”
Las denuncias continúan, y todas ellas refieren al trato que se le da por ser mujer. En otra parte señala haber tenido que cambiar su letra, desbaratarla, “porque dicen que parecía letra de hombre, y que no era decente, con que me obligaron a malearla adrede”.
Para muchos, Sor Juana Inés de la Cruz es un pilar de la literatura mexicana; sin embargo, también puede considerarse una precursora del feminismo. En su tiempo defendió la libertad de estudiar y escribir, pues sostenía, como lo expresó en la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, que mujeres y hombres poseen la misma capacidad intelectual para hacerlo. Por ello, revisar su imagen, su nombre y su obra constituye una deuda histórica y social.
Edición: Estefanía Cardeña