Sisal no quiere ser Pueblo Mágico

Sus habitantes prefieren seguir siendo sólo un puerto donde vivan tranquilamente
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A Sisal lo están ofreciendo como el nuevo polo de desarrollo turístico de Yucatán: grupos de inversión lanzan sus mejores ofertas por metro cuadrado de playa, incluso muestran como gancho la recuperación de la carretera costera entre Chuburná y Sisal, así como la ampliación de la vía Hunucmá-Sisal, amén de sus amplias y hermosas playas, lo que fue aquel puerto imperial a donde llegó en noviembre de 1865 la emperatriz Carlota.  
 

¿Cómo que Sisal no quieren ser Pueblo Mágico?

Mientras otros piden a gritos que los nombren pueblos mágicos, sin tener magia, Sisal grita a todo pulmón que no lo quiere, lo rechaza; vaya ignorancia de los pobladores, diría más de alguno a la distancia, desde Mérida; sin embargo, cuando se escuchan las razones de los habitantes, no podemos voltear para otro lado: José Novelo, vecino de Sisal, dice que para empezar nadie les preguntó si querían, aquí aparece de nuevo en escena Michelle Fridman, la secretaria de Turismo de Yucatán, quien se brincó a los habitantes; era más fácil sumar voluntades, socializar decisiones. Un día Sisal despertó con el nombramiento, sus habitantes no sabían qué significaba eso, en qué les beneficiaría. Nadie les preguntó. Esa información sólo la tenían aquellos que ya habían comprado sendas propiedades, quienes llegaron de fuera.

 

Motivos de rechazo a tan ampuloso nombramiento: 

Ya se privatizaron varias playas donde antes los vecinos y visitantes se paseaban tranquilamente; hoy, enfurecidos, guardias privados sacan a relucir armas para retirar a los que osan caminar enfrente, el empleo es precario y la mano de obra llega de fuera, subió de manera notable el costo de todo: desde los insumos hasta los terrenos y predios. Encarecen los permisos para lancheros que pasean visitantes, notable abandono de las calles e infraestructura del puerto y comisaría de Hunucmá. Por cierto, la cabecera municipal se queda con los recursos turísticos que se recaudan en la comisaría, eso dicen los vecinos que no han logrado ser escuchados por el estado.

Según los habitantes, hay por lo menos tres familias que ya se reparten el pastel de Sisal: los Legorreta Hernández, Cisneros y Bassora; ellos se mueven en otro nivel y poseen la mayor parte de los frentes de playa. Sisal es el nuevo destino mágico, así lo dicen los que saben de turismo; sus habitantes prefieren seguir siendo sólo un puerto donde vivan tranquilamente sin tanto extraño paseando y vigilando las playas que antes eran de ellos. Más vale enmendar la plana y volver de nuevo a preguntar a los que de verdad importan.

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Edición: Mirna Abreu