La propuesta es la siguiente: hay un error de cálculo en pensar que Dios monta en cólera con quienes descreen de Su existencia; algunos consideran —fuera de toda lógica— que, a pesar de Su cualidad de omnipotente, Dios carece de la autoestima necesaria y solicita que lo glorifiquemos todo el tiempo para mantenerse contento y satisfecho.
¿Mas qué razón tendría el albedrío si a Dios le disgustase que lo usemos?
La explicación de que el hombre de fe tiene una utilidad marginal para el funcionamiento del mundo está justamente en que ese mundo es parte de un orden que sólo evidencia sus fortalezas (mas también sus debilidades) cuando se esboza un orden alterno que algunas religiones consideran erróneamente de origen demoníaco. La alteridad es divina y sólo a partir de ella se afirma la Mismidad.
Realmente es difícil creer que Dios pensó el mundo como un monolito gris y fastidioso. Dios no hizo el cosmos en un tiro de dados, pero sí inventó los dados y la manera de jugarlos (aunque nos dejó en total incertidumbre sobre la cantidad de dados con que Él juega y la cantidad de lados que sus dados tienen).
Imaginar un mundo sin ateos es como imaginar un dado con una sola cara. Tal vez (¿por qué no?), en Su omnipotencia, Dios un día jugó a que todos los dados cayeran de canto y de allí tomó el modelo básico del cosmos.
Quizá los dados con que juega Dios tienen un infinito número de caras.
Lee las primeras cuatro partes de Brevísima teología para ateos indecisos:
-Brevísima teología para ateos indecisos
-Brevísima teología para ateos indecisos II
-Brevísima teología para ateos indecisos III
-Brevísima teología para ateos indecisos IV
-Brevísima teología para ateos indecisos V
Edición: Laura Espejo
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