Opinión
Cristóbal León Campos
04/01/2026 | Mérida, Yucatán
En un primer momento, ante los ataques, el Gobierno Bolivariano declaró el “estado de conmoción interior” en todo el territorio venezolano. Los objetivos de esta agresión fueron civiles y militares con la utilización de drones y helicópteros militares, pero de igual forma con el sobrevuelo de aviones sobre Caracas y otras localidades.
Ante estos gravísimos hechos, el Gobierno Bolivariano de Venezuela subrayó en un primer comunicado que “este acto constituye una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, especialmente de sus artículos 1 y 2, que consagran el respeto a la soberanía, la igualdad jurídica de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza”. Estos hechos también representan una “amenaza para la paz y estabilidad internacional, concretamente de América Latina y el Caribe, y pone en grave riesgo la vida de millones de personas”.
Como se sabe por la comunidad internacional, desde meses atrás el imperio estadunidense inició una serie de acciones bélicas y de intimidación en el Caribe contra Venezuela. Primero, con discursos de odio exacerbado por parte Trump y otros funcionarios yanquis, donde cínicamente calificaron al gobierno venezolano de ser “cómplice de narcotráfico” y lanzaron una provocadora “recompensa” para quien ayudara a “derrotar” al presidente Nicolás Maduro. Segundo, desde semanas atrás, el imperialismo comenzó a asesinar impunemente a tripulantes de pequeñas embarcaciones en el Caribe sin demostrar que los barcos y las personas que en ellos navegaban eran traficantes de drogas como alegó el imperio para tratar de encubrir las ejecuciones extrajudiciales que estaba cometiendo, lo que representa una violación a todo el Derecho internacional. Tercero, la utilización del
Premio Nobel al otorgársele a una descarada enemiga de Venezuela y de todo orden democrático y legal como es María Corina Machado, pues ella ha encabezado actos de sabotaje al gobierno venezolano y ha solicitado abiertamente la agresión militar contra su propio pueblo, además de que la intensión de darle el Nobel no era otra cosa que una declaración de guerra pública y el uso mediático del premio para la difusión de mentiras y calumnias, tanto contra el mandatario como contra toda Venezuela.
Unas horas después de los ataques, en rueda de prensa, Trump descartó, al menos por ahora, a Corina Machado como una posible sucesora de Maduro en el poder. En esa aparición pública, Trump señaló que juzgarán la conducta de los sucesores de Maduro en el poder, siendo que si no siguen la línea imperialista las agresiones bélicas se incrementarán, lo que no deja lugar a dudas sobre la injerencia y el intervencionismo imperialista. Asimismo, con total impunidad, el mandatario yanqui señaló que el imperio permanecerá en Venezuela mientras establecen un gobierno de transición, pero habrá que ver cómo se desarrollan los hechos, pues esta declaración fue anterior al nombramiento temporal de Delcy Rodríguez como presidenta encargada. Sin embargo, se sabe bien la forma de actuar del imperialismo cuya palabra no tiene nada de honorable. El mismo Trump fue claro y abierto, Estados Unidos realizó estas agresiones y toda la campaña mediática contra Venezuela para apoderarse del petróleo, el cual planean privatizar y sobreexplotar ante la crisis económica que hoy enfrenta el imperio estadounidense, aunque esto no sea revelado.
Estamos, a todas luces, ante una crisis cíclica del capitalismo imperialista, donde, como aconteciera en las primeras décadas del pasado siglo XX, los peligros se incrementan para los pueblos del mundo, pues el neofascismo avanza y encuentra en las grietas provocadas por la crisis adeptos en los círculos políticos y también en sectores poblacionales afectados. Por eso el imperio decadente busca una guerra global, pues su disputa por el control de la región caribeña y latinoamericana con China lo lleva a los extremos.
Entre las primeras reacciones a nivel internacional, los gobiernos de Cuba, Colombia, Brasil, México, Rusia, China y otros, manifestaron su rechazo y condena ante la violación flagrante de la autodeterminación y soberanía de Venezuela, y ante el secuestro del presidente Maduro y su esposa, hechos que violan todos los acuerdos internacionales y la Carta de la ONU, dejando claros antecedentes de ilegalidad global y de impunidad, un campo muy peligroso para las naciones y los pueblos, pues la libertad que el imperialismo estadounidense promulga no se basa en la justicia, sino en el despojo, la violencia y la opresión.
Frente a este panorama, diversas voces de Nuestra América y el mundo se han alzado, así como manifestaciones en Venezuela, México, España, Cuba y otros rincones del mundo han dejado claro el rechazo al intervencionismo militar del imperio. Los pueblos de Nuestra América y del mundo debemos alzar la voz para condenar estos ataques y exigir el fin de las agresiones imperialistas y el intervencionismo en Venezuela. Es urgente demostrar total solidaridad internacionalista con el pueblo bolivariano.
Edición: Fernando Sierra