Opinión
Francisco J. Rosado May
19/01/2026 | Chetumal, Quintana Roo
Del libro clásico, Los cazadores de microbios, escrito por Paul de Kruif en 1926, aprendimos que en 1674 van Leeuwenhoek observó en un microscopio artesanal de su invención a los glóbulos rojos y protozoos, en 1676 descubrió bacterias y espermatozoides en los testículos de animales. Años después, en 1864, Pasteur demostró que todo el proceso de fermentación y descomposición orgánica se explica por la actividad de organismos vivos y que la generación espontánea no existe.
Estos descubrimientos pusieron en aprietos a los primeros científicos conocidos como positivistas, quienes fundamentaban su pensamiento a través de la expresión popular “hasta no ver no creer”. Por supuesto que a los microbios no se les podía ver a simple vista, pero los positivistas extremos no aceptaban al microscopio como una herramienta indispensable para hacer ciencia.
Así fue el inicio de un campo de la ciencia, llamada microbiología, o sea el estudio de los microorganismos. A Leeuwenhoek se le conoce como el padre de la Microbiología, pero el microbiólogo más famoso es Louis Pasteur. Con el tiempo el avance de la microbiología obligó a articularse con otras áreas de conocimiento, surgiendo así los QFB o químicos-biólogos-farmacéuticos, o simplemente farmacobiólogos. Es decir, hubo que articular a la microbiología con la química y la farmacéutica.
A finales del siglo XX, es decir, recientemente, inició con fuerza una corriente de pensamiento alrededor del concepto de microbiota, especialmente la intestinal. Stewart y colaboradores, publicaron en la revista
Nature, en 2018, vol 562 (
https://www.nature.com/articles/s41586-018-0617-x), que la microbiota intestinal se forma entre los tres y 46 meses de edad, siendo el tipo de parto, la lactancia y el entorno los factores más importantes en la diversidad de esta.
Apenas la semana pasada se llevó a cabo una reunión en la Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca, en Sucre, Bolivia, con representantes académicos y de Pueblos Indígenas de Bolivia, Perú, Venezuela, Estados Unidos y la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo (Uimqroo), donde se formó el Comité Intercultural Indígena de Sabiduría Ancestral para la Conservación de los Microbiomas y la salud, CISAM-Salud.
La idea, entre otras, fue establecer condiciones apropiadas para contribuir a la iniciativa de la bóveda de microbiota, ubicada en Suiza, con información de microbiota de pueblos Indígenas, para enfrentar con éxito los enormes retos de salud que tenemos, y saber cómo la incorporación de alimentos procesados, externos a los sistemas tradicionales, se relacionan con las altas incidencias de enfermedades como la diabetes, obesidad, presión arterial, etc. La Uimqroo, a través de su rector, incluso firmó una carta de intención con la universidad de San Francisco Xavier antes mencionada.
Es cuanto.
Edición: Estefanía Cardeña