Colibrí esmeralda, la joya de Cozumel

Especial: Fauna Nuestra
Foto: Benny Campos

Su plumaje verde, que toma diversas tonalidades con la luz del sol, le ganó al colibrí esmeralda ese nombre y el ser catalogado como “la joya de Cozumel”; es una especie endémica de la isla que mide apenas seis centímetros pero que es vital para la polinización.

“Es polinizador de ciertas especies cuyo néctar es complicado de adquirir, pero con la peculiaridad de su pico, largo y curvado, pueden llegar a sitios donde regularmente otras aves e insectos no lo hacen”, explicó el biólogo Rafael Chacón Díaz, director del Centro de Conservación y Educación Ambiental (CEA) de la Fundación de Parques y Museos de Cozumel.

Mencionó que las especies endémicas u originarias de una zona en particular, son únicas pues si desaparecen de ese lugar prácticamente lo hacen de la faz de la Tierra.

El colibrí esmeralda, destacó, realmente es una joya, una especie emblemática para la isla y para el mundo: “las personas que conocen y valoran el avistamiento de aves vienen a conocerlo. La gente que está interesada en conocer la fauna de diferentes partes del mundo, lo que llamamos aviturismo, valora mucho estos ejemplares”.

Esta especie, a la que se le conoce científicamente como Chlorostilbon forficatus, es una de las tres que habitan en la isla de Cozumel; las otras dos son migratorias: el colibrí canelo (Amazilia rutila) y el colibrí mango (Anthracothorax nigricollis).

Mide en promedio seis centímetros del pico a la cola (la hembra es más pequeña) y pesa apenas unos cuantos gramos. “Los huevos recuerdan a las pastillas Tic Tac de menta por su tamaño”, destacó el biólogo.

 

Foto: Benny Campos

 

El tiempo de anidación varía entre mes y medio a dos meses, dependiendo de las condiciones ambientales: “cada familia es diferente”. La reproducción se da durante todo el año e impresiona que aves tan pequeñas hagan nidos tan resistentes, recalcó Chacón Díaz.

“Regularmente el colibrí que anida en un lugar de su agrado regresa constantemente, deja el nido un tiempo y vuelve a utilizarlos, por eso recomendamos a la gente que no tire los nidos, incluso hay casos en que se los tiran y los vuelven a montar, les ponen telaraña, los ‘bardean’ con ramitas, hacen su cama, de verdad puede sorprender que ni un huracán los tira, es una ingeniería increíble”, expresó.

Los colibríes comen néctar, hormigas e insectos que los proveen de las proteínas necesarias para su dieta y con lo que también alimentan a sus crías. Sus principales depredadores en el mundo animal son otras aves, las iguanas y gatos. 

Aunque no hay registro exacto de cuánto tiempo viven, hay ejemplares a los que se ha monitoreado durante cuatro años con certeza de que se trata del mismo individuo.

Puede aletear hasta 90 veces por segundo y tiene características que permiten diferenciar el género a simple vista; por ejemplo, la cola del macho se abre como una tijera, mientras que la de la hembra es más corta y ovalada y tiene franjas blancas en la cabeza.

 

Foto: Benny Campos

 

“Son repartidores de vida, es su labor fundamental”, mencionó el biólogo, al recordar la importancia que este tipo de animales tiene tanto para la dispersión de semillas como el control de plagas.

Aunque a nivel federal no se le considere en riesgo, Chacón Díaz opinó que “cualquier especie que sea endémica y que esté en un sitio en crecimiento y donde se esté afectando el ecosistema constantemente está en riesgo; no sabemos cómo pueden cambiar de un día para otros los sitios donde se está reproduciendo y en su caso el único sitio donde puede vivir es Cozumel”.

No existe un estimado de cuántos ejemplares existen actualmente. Los integrantes de la Fundación de Parques y Museos desarrollaron la aplicación Aves de Cozumel, que está disponible para Android e iPhone, en la cual la ciudadanía puede reportar cuando aviste un ejemplar o sus nidos.

La aplicación contiene información sobre las diferentes especies y sus hábitos, además de una galería fotográfica que le permite a los habitantes de la zona reconocer de qué ejemplar se trata.

“Es común que hagan sus nidos en las zonas urbanas, la gente nos ha ayudado mucho subiendo la información a esta app y hemos localizado muchos sitios de anidación; así, cada año que anida el colibrí determinamos dónde están los nidos y los vamos monitoreando”, manifestó el entrevistado.

Indicó que es común que los colibríes hagan sus nidos en los jardines o patios de las casas, en los parques o lugares que son públicos y se encuentran expuestos, por lo que es importante la participación ciudadana para conservarlos. Personal del CEA acude a revisar las condiciones en las que se encuentran los nidos para incrementar las posibilidades de eclosión y seguir protegiendo a esta ave.

 

Foto: Rafael Chacón

 

El biólogo dijo que se requieren más recursos para un monitoreo mayor e incluso marcar las aves, hasta ahora se limitan a los programas de educación ambiental y seguimiento de las conductas de los ejemplares ya identificados.

El colibrí esmeralda incluso tiene un festival en su honor, cuya primera edición se realizó en 2017 y que el año pasado fue suspendido por la pandemia. En él se imparten conferencias, hay exposición de fotos, observación de aves y talleres. 

“Ninguna de estas especies pueden ser protegidas correctamente si no las entendemos y valoramos, si no comprendemos lo que aporta un colibrí para tener la calidad de vida que tenemos; no es lo que nosotros aportamos al colibrí, sino lo que él nos aporta, un animal tan pequeño hace mucho más de lo que muchos de nosotros hacemos en este planeta”, finalizó.

 

Ilustración_ @ca.ma.leon

 

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Edición: Laura Espejo