Foto: Juan Manuel Valdivia

La gran variedad de frutos disponibles, temperatura y pocos depredadores hacen de las selvas de la península de Yucatán un hogar de ensueño para los monos que viven en ellas y aunque están catalogados como una especie en peligro de extinción esta zona les ofrece varios santuarios para su crecimiento en libertad.

“La existencia de monos está supeditada al alimento, los bosques con características de selva mediana, como los que tenemos en la península de Yucatán, son aptos para que estas especies habiten por la gran cantidad de frutos silvestres que hay, como zapote, guaya, caracolillo y otros frutos que ellos comen”, mencionó el biólogo Arturo Bayona, docente del Instituto Tecnológico Superior de Felipe Carrillo Puerto y director del Museo Casa de la Naturaleza.

Sitios como Punta Laguna y Cobá, en el municipio de Tulum y el rancho El Ramonal, en la reserva de la biósfera de Sian Ka´an, entre otros, sirven de hogar para las dos especies que habitan en esta zona: el mono araña (Ateles fusciceps) y el aullador o saraguato (Alouatta pigra).

El primero, destaca el biólogo, es el más común, “el relajista”, y en Sian Ka'an tiene un santuario, mientras que el aullador es mucho más tranquilo y, como su nombre lo indica, se caracteriza por los aullidos que hace para marcar su territorio.

“La conservación de los recursos y la existencia de áreas naturales protegidas ha redundado en la conservación de este recurso faunístico que en la mayor parte del país ha desaparecido”.

 

Foto: @ca.ma.leon

 

Deforestación ha arrasado con su hábitat

Ambas especies son comunes en el sureste mexicano: Chiapas, Quintana Roo, Campeche y Yucatán; lamentablemente, destacó el catedrático, la deforestación los ha hecho migrar cada vez más hacia el sur y en muchos casos han desaparecido. Son frugívoros por excelencia, dispersores de semillas y viven en bandas, siendo las más grandes las de los monos araña. 

Los investigadores locales le han dado seguimiento a una banda de aproximadamente 30 individuos localizada en la reserva de la biósfera: “podemos ver como en diferentes épocas del año la manada se fragmenta, creemos que es por la abundancia (o no) de alimento y en tiempo de lluvia, o de cosecha de algún fruto se unen nuevamente”.

El saraguato, por su parte, es mucho más taciturno, “vive arriba, no le gusta bajar. Mientras que al araña lo puedes ver en el suelo, cruzando una carretera o un charco de agua, el saraguato prefiere las alturas, balanceándose entre las ramas de los árboles, además de que no es muy ágil en el salto, es más de fuerza para subir los troncos”.

Los tamaños de los monos varían y su peso promedio es de diez kilos, siendo las hembras más robustas; tienen cola prensil. Los araña superan en población por su manera más rápida de dispersión, actividad y tolerancia al contacto humano. Es posible verlos en áreas urbanas, sobre todo a raíz que los nuevos desarrollos destruyen su hábitat. Siempre hay un jefe de la manada.

Oficialmente no hay un número exacto de ejemplares y los programas de monitoreo efectuados son en su mayoría de organizaciones no gubernamentales o académicas.

El promedio de vida de estas especies es de diez años. Para la gestación la hembra necesita casi un año y tiene una sola cría, aunque hay casos -pocos- en los que han tenido gemelos. Las madres llevan a sus bebés en el pecho durante todo su trayecto diario, por lo que estos deben asirse fuertemente al cuerpo de su progenitora para evitar caídas de los árboles. 

Sus principales depredadores son los felinos (jaguares principalmente) y el hombre; se reportan casos tanto de atropellamientos como de sacrificio de la hembra para quedarse con las crías.

 

Foto: Juan Manuel Valdivia

 

Explotación turística

Así como hay algunos hoteles de la Riviera Maya que han integrado la presencia de los monos e incluso es posible verlos en sus diferentes instalaciones, también hay empresarios que los explotan como atractivo turístico, cobrando a los visitantes por tocarlos o tomarse fotos con ellos.

En la Quinta avenida de Playa del Carmen es común ver como se les ofrece a estas especies, muchos de ellos bebés, como un atractivo más y aunque ha sido denunciado en varias ocasiones por organizaciones ambientalistas, los explotadores sólo desaparecen un tiempo, para luego volver.

“La ley dice que mientras tengas al ejemplar en un lugar adecuado, bien alimentado, tengas el permiso y no lo estés molestando es posible tenerlos en cautiverio, entonces muchos se escudan en eso”, explicó el entrevistado. 

Esa exposición, destacó, puede provocar accidentes, pues finalmente al animal estresado le aflora su instinto y ataca; recordó de casos donde personas han sido mordidas por estos ejemplares: “son agresivos de acuerdo al ánimo que tengan y su personalidad. No son recomendables como mascota”.

“En la manera en que sigamos conservando su hábitat las bandas de monos van a seguir aumentando; si la gente sigue participando tal vez en un tiempo podamos bajarlas de categoría, de peligro de extinción a amenazada”, concluyó.

 

Foto: Juan Manuel Valdivia

 

Edición: Laura Espejo