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Visitantes de Progreso sólo acatan medidas hasta el final del malecón

Este fin de semana no hubo filtros sanitarios en la entrada a la ciudad

Sin filtros sanitarios a la entrada de la ciudad, Progreso parece estar dividido por una trinchera imaginaria, antes y después de las letras que forman la palabra Progreso, donde la mayoría de los visitantes se toman su foto del recuerdo.

Desde el inicio del malecón hasta el letrero, la playa está vallada por lo que la gente no baja a la arena, por otro lado los restaurantes sólo brindan servicio con el 25 por ciento del aforo dentro de sus recintos y las tradicionales mesas ubicadas debajo de las palapas brillan por su ausencia.

Pero pasando el cartel de Progreso hacia Chicxulub y, pese a los esfuerzos de la Policía Municipal, es imposible controlar a los bañistas quienes sin ningún reparo y sin medidas de precaución, ya que hay zonas en donde no guardan la sana distancia, se meten al mar y no sólo no acatan las instrucciones de las autoridades sino que contestan groseramente.

La Jornada Maya fue testigo de estos hechos cuando dos paramédicos de la Policía Municipal, Alberto Carrillo y Raúl Hernández, debieron soportar todo tipo de groserías por el simple hecho de cumplir con su deber.

Carrillo y Hernández recorrían la zona de la playa que ya no está vallada solicitándole respetuosamente a la gente que saliera del agua o que no caminara por la arena. Primero fue una señora junto con sus niños de entre tres y cinco años, todos sin cubrebocas, a quien Carrillo le dijo que por la seguridad de los niños debía salir de la playa, a lo que la mujer respondió con absoluta indiferencia y siguió caminando, sin la menor intención de abandonar la zona.

Luego se acercaron a un hombre que se hallaba en el agua con su hijo de unos cinco años, a quien le dijeron que no podía bañarse a lo que preguntó airadamente: ¿Por qué?

Finalmente, a un matrimonio de la tercera edad que se bañaba junto a su hija adulta, se les dijo también que debían salir a lo que respondieron a los gritos y groseramente que ellos no se iban a quitar, porque tenían la casa enfrente al tiempo que se burlaban de los policías y les decían que si ellos debían salir que sacaran también los barcos que navegaban por la zona.

Después de las dos de la tarde, la concurrencia en las playas había crecido y ya no se veía vigilancia como por la mañana.

El oficial Carrillo sostuvo que es una verdadera lucha intentar que la gente salga del agua y de la playa, que ellos no dan abasto y que cuando regresan vuelven a encontrar gente dentro del agua. Expresó que las personas más conflictivas son las que tienen casas en las playas porque creen que esa zona frente a sus puertas les pertenece. 

Como se recordará la semana pasada, una mujer cortó los cabos de lanchas de pescadores que se encontraban amarradas en la arena frente a su propiedad en la zona de Chicxulub, sin embargo tras la intervención de las autoridades alcanzó un acuerdo con los pescadores y debió pagar los daños.

Restaurantes

La mayoría de los restaurantes están abiertos y con buena afluencia de comensales en las pocas mesas que están permitidas por salubridad; trabajan con base en reservas y comida para llevar, aunque si llegan visitantes sin reservas y hay lugar son admitidos.

Los que más trabajan son los restaurantes más grandes y conocidos, en tanto los meseros de los más pequeños y menos concurridos, persiguen con sus menús en mano a los caminantes, ofreciendo sus promociones.

Si bien, los negocios de recuerdos y artesanías están abiertos, sus ventas han decaído en un 80 por ciento o más, según sus empleados.

Edición: Elsa Torres

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