La Asamblea popular contra el extractivismo en Yucatán convocó a artistas, activistas, defensorxs de derechos humanos, del agua y del territorio, a personas del interior del Estado y, especialmente, a ciudadanos de Kanasín, a reunirse en la plaza de esta ciudad. El objetivo era claro: mostrarse en contra de la construcción de una planta cervecera de la empresa trasnacional Heineken.
Kanasín es una ciudad rodeada de verde con 141 mil 939 habitantes. La abraza la reserva ecológica de Cuxtal y el Anillo de cenotes, que es la reserva de agua más importante de la región ya que aporta casi la mitad del agua al estado.
En septiembre del 2023, Heineken anunció que llegaría a México con una planta cervecera que daría trabajo a más de 2000 personas. El proyecto sería en Kanasín. Colectivos, activistas y habitantes de Kanasín han denunciado que este proyecto pretende extracción anual de 1 millón de m2 de agua (provenientes de los cenotes), que se suma a los 4 millones de metros cúbicos aprobados entre 2020 y 2024. Para producir solo un litro de cerveza se necesitan por lo menos dos litros de agua, que provendría directo del acuífero.
Heineken busca establecer esta cervecera en un territorio de 1 millón 315 mil metros cuadrados. Después de una consulta que ha sido señalada por colectivos como “simulada”, este proyecto ha resultado en el despojo de las tierras y del uso con fines privados del agua del Estado y la región.
Fuera Heineken de Yucatán
El domingo 13 de julio a las 5:30 pm, infancias, jóvenes y adultos se reunieron en la plaza de Kanasín para escuchar y actuar desde diferentes artes como método de resistencia.
A través de talleres de arte, conciertos y un módulo de información, la población podía integrarse a esta jornada de resistencia en defensa del territorio y por el agua de Kanasín. Entre la audiencia había población de varios estados del país y de diferentes profesiones. Estos talleres buscaban hacer comunidad, informar sobre la situación y el caso de la cervecera en este territorio y aprender un par de consignas para prepararse para la marcha convocada para el 26 de julio.
“El beneficio no es para los pobladores del estado, ni para quienes viven aquí en Kanasín, es para el bolsillo de los ricos” comenta Luisa, una asistente del taller de paste-up. Ella es de Campeche y es docente de arte. En este taller, quienes participan intercambian sus principales preocupaciones mientras escriben consignas y dibujan sus carteles de protesta. Aquí es evidente que los movimientos por los derechos humanos y por la justicia social en el estado convergen: mujeres que luchan por semanas laborales de 40 horas escuchan a personas de la comunidad LGBTQI+ mientras otras se tatúan temporalmente sandías para denunciar el genocidio contra el pueblo palestino. Todas las luchas llevan a denunciar el robo de tierras y de agua, la violencia contra los pueblos, la corrupción y la impunidad con la que las élites actúan en el país y el mundo.
“Estamos aquí haciendo música de protesta”, se escuchó la voz de Rappech desde el kiosco mientras 5 niñas se acercan al módulo de dibujo para infancias. Ahí, las reciben por parte del festival con algunas figuras para colorear. Uno de los materiales es un fanzine que enuncia las funciones del agua. Después de un tiempo de dibujo, una de las niñas explica que el agua es importante para mantener vivo el monte y cuidar a los animales. Su mamá vende comida al rededor de la plaza y le dijo que fuera con sus primas a dibujar. Estudian la primaria y la secundaria. En la escuela a veces les dan agua en cubetas de agua porque llega un momento del día en el que no sale el agua de la llave. Desde esa mesa, llevan un mensaje a su familia a modo de fanzine y caricaturas: “Fuera Heineken de Yucatán”.
“Porque sale el agua sin presión, nosotrxs meteremos más presión”, se escucha desde el escenario. La referencia hace eco al testimonio de Antonio, quien se dedica a la plomería y maneja un mototaxi. Dice que hay algunos vecinos que han logrado conseguir pipas de agua. A él y a su familia, en cambio les ha dejado de llegar agua. “Sí sabía de esa cervecera, pero aunque estemos aquí, aunque hagamos ruido la van a poner. El presidente (municipal) eso quiere”. Sin embargo, se acerca al módulo de información, coloca su número para poder unirse a la red y esperará información sobrefuturas actividades.
Esta jornada reivindica tradiciones ancestrales que desaparecido por la modernidad. En un módulo, el colectivo Ch’oi recupera del imaginario y las tradiciones locales el “azul maya”, que proviene de una planta fermentada. “El tinte se ha perdido, nos lo han quitado, se ha olvidado la tradición. Trabajamos poco a poco para recuperarlo”. Así, lxs asistentes de esta jornada tienen dibujos que asemejan el agua en sus rostros y cuerpo
El taller de batucada empieza en círculo. Las talleristas explican: “La batucada es una herramienta para sacar lo que nos enoja. Así que en este taller vamos a pensar en lo que más nos duele de este territorio”. Cada participante tiene la posibilidad de nombrar con algún ritmo algo que les enoje, que les duela. Entre estas causas surgen: el territorio arrebatado, la violencia de género, las injusticias contra las infancias, el saqueo. El ritmo se complejiza y abrasa cada vez más. Aumenta el retumbar de los garrafones y uno que otro habitante de Kanasín baila con las consignas: “El agua no se vende, se cuida y se defiende”.
Desde el escenario y en cada rincón de este acto cultural, el mensaje es claro: “Nos reunimos aquí para cuidar este líquido vital que tenemos en nuestro cuerpo” – continua Rappech para invitar a la población a unirse a esta protesta. “No más explotación de nuestros recursos”.
“Deje quieta a mi tierra
Deje quieta a mi mar
Deje quieta a mi agua
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