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Jesús Mejía
15/03/2026 | Mérida, Yucatán
En su debut en México, específicamente en Mérida, la soprano nacida en Singapur, Victoria Songwei Li, obtuvo los aplausos de pie del público por sus dos logradas representaciones de la ópera de un solo acto de La Voz Humana del francés Francisc Poulenc en el Palacio de la Música.
Acompañada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, cuyos timbres, pausas, tensiones sonoras y silencios dieron realce al drama de una mujer desesperada por escuchar vía telefónica a su amante, según el libreto original de Jacques Cocteau (1928), la cantante cautivó al auditorio con su tersa y nítida voz.
Precedida de un prestigio adquirido tras actuar como solista con la Filarmónica de Los Ángeles bajo la dirección de Gustavo Dudamel y con orquestas de su país natal y de Londres, donde actualmente reside, la soprano invitada por el director de orquesta Alfonso Scarano obtuvo del público yucateco una cálida recepción.
Con sólo un sillón o sofá, una mesita y un teléfono dial, de cable, el aparato preponderante del sigo XX, la cantante, cubierta de un abrigo sobre un camisón, revivió entre los presentes el drama de la mujer solitaria que, obsesionada, posesiva, requiere la voz de un hombre por quien siente morir de amor.
La orquesta y el equipo de logística del Palacio de la Música dispusieron lo necesario para montar esta ópera de un solo acto en el escenario del Palacio de la Música, la primera del género en el sitio: un sillón, una mesita y un teléfono dial, de cable, el sistema de comunicación predominante en la pasada centuria.
Las luces se centraron en el personaje central, en tanto que los músicos, al igual que el director de orquesta, dispusieron de pequeñas lámparas en sus atriles para dar lugar a la austera escenografía que permitió al público vivir y sufrir el drama, en el que el personaje “Elle” (Ella), intentó suicidarse.
Dado que en el tiempo del estreno en París en 1929 el servicio telefónico de París se realizaba con apoyo de operadoras, un servicio de calidad cuestionable, durante la escenificación la conversación telefónica se interrumpió varias veces, entre imprecaciones, ruegos y reclamos de la pareja.
Algunos asistentes esperaban, por el tipo de rol, la participación de una soprano de corte dramático, una voz femenina más aguda, pero con mayor peso, cuerpo y volumen, caracterizada por un timbre oscuro, rico y emotivo, capaz de proyectarse sobre orquestas y escenarios.
Sin embargo, la cantante invitada dejó su impronta con la voz aterciopelada de soprano lírico y su desenvolvimiento escénico del personaje que ya ha interpretado en dos ocasiones en otros lares.
Victoria Songwei Li fue reconocida por el maestro Scarano por sus cualidades escénicas, capaz de sostener monólogos intensos, con naturalidad y una interacción entre el canto y el drama hablado, tal como lo requirió el compositor a la soprano Denise Duval: el ser una actriz-cantante en el estreno ocurrido en París en 1959.
La ópera también se sufre y el público del Palacio de la Música no fue la excepción, ya que la tensión derivada del distanciamiento amoroso y de las fallas en el enlace telefónico, así como el timbre del mismo –reproducidas por la orquesta, al estilo de las producciones cinematográficas- impactaron a no pocos hombres y mujeres.
En casi una hora los asistentes siguieron la breve historia de la mujer desesperada que sufre, se droga y espera escuchar del otro lado de la línea telefónica a su pareja, una escena convencional propio de la soledad y la necesidad de comunicación de la población de las grandes urbes.
Con esta representación, la OSY dio un paso adelante en la ampliación de su repertorio, en la escenificación de óperas más modernas, menos clásicas, de corte contemporáneo como La Voz Humana de Poulenc, que dio lugar a la creación de óperas de un solo acto.
En el siglo XX, muchos compositores dejaron atrás las grandes masas corales para centrarse en la psicología íntima de los personajes, al crear obras con elencos mínimos, entre ellos el italo-estadunidense Gian Carlo Menotti con su comedia ligera, humorística, El Teléfono, en contraposición al drama de Poulenc.
De igual manera, figuran El castillo de Barbazul del húngaro Béla Bartók, sobre la relación y secretos de una pareja, y Esperanza (Erwartung) de Arnold Schoenberg, un monólogo para soprano como Poulenc, pero con lenguaje mucho más abstracto y expresionista.
La OSY también interpretó la Suite Pulcinella del principal compositor revolucionario del siglo XX, Stravinsky, como parte de un programa acorde a la época de la pasada centuria.
Edición: Fernando Sierra