Eduardo Lliteras sentís
Lajornada Maya

Lunes 20 de julio de 2015

El desarrollo, o más bien, el crecimiento desbocado de Mérida lo dirige, se sabe desde hace tiempo, el capital inmobiliario y terrateniente en complicidad con la clase política y sus peones que brincan de un lado al otro, o que comparten familiares en ambos lados del coso. Estamos ante grupos que ganan paletadas de dinero con la expansión urbana, en particular hacia la costa, es decir, con el arrasamiento de ecosistemas, de millones de árboles y animales silvestres.

No estamos ante la brutal tala de dos frondosos árboles en la principal avenida de Mérida, Paseo de Montejo, como sucedió con Automaya, negocio automotriz al que el ayuntamiento de Mérida decidió ponerle una multa ejemplar: 10 mil salarios mínimos, es decir, más de 625 mil pesos de multa, así como la obligación de plantar cuatro árboles de igual tamaño a los talados en Paseo de Montejo y llevar al cabo una reforestación con 300 árboles en la ciudad de Mérida.

En el caso del megaproyecto de superlujo Vía Montejo, estamos ante un negocio privado más en el norte de la ciudad al que se adhieren con aplausos los gobiernos de la ciudad, del estado, de la Federación. En pocas palabras, es el capital privado el que moldea el desarrollo y dirige el crecimiento de la ciudad. ¿Dónde quedó el famoso Instituto Municipal de Planeación de Mérida?

En Barcelona se están transformando hectáreas industriales envejecidas y abandonadas –como los terrenos de la ex siderúrgica y los contiguos a lo que fue Cordemex en Mérida– para impulsar una auténtica transformación urbana, económica y social.

Hablamos de dinero privado, pero también público, y no sólo para reconstruir un paso a desnivel en el Periférico. Hablamos de un programa municipal, gubernamental, de largo respiro, de la construcción de viviendas, sí (privadas, pero también de interés social), de centros culturales, científicos y tecnológicos. De zonas verdes que rescatan las antiguas áreas industriales con ciclovías, transporte público de última generación y otras estructuras públicas.

[b]Canícula política[/b]

La lucha por el poder de cara al 2018 pasa por el control de los partidos, de sus estructuras y dirigencias. No sólo del partido dominante, sino de la llamada “oposición”. Es fundamental, desde la óptica del control palaciego de los hilos del poder, colocar interlocutores dispuestos a negociar y someterse. Renán Barrera, obvio es decirlo, no cumple estos requisitos. Raúl Paz, sí.

En el tablero de ajedrez del control político aparecen también los medios de comunicación –incluidas voces incómodas a las que se busca aislar y eliminar– y los llamados “institutos autónomos”, dos de los cuales han sido objeto de enroques claves en el mapa de la sucesión: la Comisión de Derechos Humanos del estado de Yucatán (Codhey) y el Instituto

Estatal de Acceso a la Información Pública (Inaip), con un nuevo titular y una flamante nueva consejera, respectivamente. Esta última, por cierto, pidió tiempo para “informarse” sobre las tareas del instituto “ciudadano”.

Así van los tiempos de la canícula política. En lugar de vacaciones de verano, los panistas yucatecos están de campaña veraniega, la que se inició el 16 de julio y concluirá el próximo 16 de agosto, día en que depositarán su voto en 61 casillas de votación los militantes blanquiazules de los 106 municipios.

En Mérida, la comisión creada para organizar los comicios internos –con el apoyo del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Yucatán (Iepac)– instalará dos centros para votar: como siempre, uno estará ubicado en la 58. Otro, probablemente, en la Canaco o en algún otro local que se rente por una cantidad que no sea onerosa. De tal manera, los panistas yucatecos tendrán dos casillas para depositar el voto: una para presidente nacional y otra para el dirigente estatal.

Recordemos que los panistas elegirán presidente nacional y que en Yucatán será una elección concurrente; es decir, se elegirá a presidentes nacional y estatal al mismo tiempo.

Los panistas elegirán al presidente de su partido en Yucatán entre dos alternativas que se antojan las antípodas: Raúl Paz y Alfredo Rodríguez y Pacheco. Entre el diputado federal [i]carita[/i] (y de los videoescándalos) y el ex senador de inmaculada sangre azul, según se pretende.

Un duelo entre lo que se quiere proponer como “lo juvenil” –tendencia de moda en la política local, con rostros jóvenes pero con escasísima experiencia y conocimientos– y la tradición de pura cepa panista. No en balde Alfredo Rodríguez y Pacheco inició su campaña bajo la mirada adusta de los bustos de Carlos Castillo Peraza y Víctor Manuel Correa Rachó en el comité municipal del PAN.

El voto será directo, libre y secreto de aquellos militantes que al 16 de agosto del presente año tengan una militancia mínima de 12 meses y aparezcan en el listado nominal definitivo de electores expedido por el registro nacional panista.

Además, los militantes residentes en el extranjero podrán emitir su voto de conformidad con el procedimiento que establezca la comisión.

La realidad es que el PAN en Yucatán se juega con esta elección no sólo la remota posibilidad de organizarse para luchar contra el PRI en 2018 por la gubernatura, sino su existencia misma en el último baluarte que le queda en el sur del país.

La sequía le ha pegado duro al PAN en Yucatán. La escasez de figuras nuevas y la división y confrontación entre los cacicazgos locales tienen al panismo al borde de la extinción… lo que sería una grave catástrofe para la democracia en pañales que se vive en el estado, ya que Yucatán se quedaría prácticamente sin oposición, debido a que la “izquierda”, además de dividida, se contenta con migajas.

Por cierto, los panistas, para hacer precampaña y campaña a lo largo y ancho de la geografía yucateca, tendrán un tope de gasto que oscila entre 250 y 300 mil pesos, con todo y devaluación.

Las casillas de votación abrirán a las 9 de la mañana y cerrarán a las 5 de la tarde. Y como son dos candidatos, no más, la victoria se podrá obtener a partir de la mayoría simple, aun con un voto… quizá el del alcalde electo, Mauricio Vila, quien por cierto acompañó a Paz a inscribirse al cuarto para las 12.

[b]Hacking Team nos espía[/b]

Las decenas de miles de correos internos de la empresa Hacking Team que tienen que ver con México revelan que en el país operan numerosas empresas extranjeras que venden tecnologías de espionaje y vigilancia al gobierno federal y a los estados de la República –entre estos Yucatán, como hemos revelado en notas anteriores– sin que haya información pública al respecto ni control alguno del Congreso. Hablamos de dinero público utilizado sin alguna transparencia (¿qué dice el Inaip al respecto?) para violar la privacidad, a escondidas, furtivamente, de ciudadanos, muchos de ellos considerados “objetivos” por ser críticos del sistema o simplemente opositores al gobierno en turno.

Hablamos de jugosos y millonarios negocios con la venta de equipos de espionaje y de seguridad a diversas agencias e instituciones del gobierno federal, así como de gobiernos estatales cuyo propósito es espiar a la ciudadanía con el pretexto de la inseguridad y el combate a la delincuencia organizada.


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