Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

Especial: La pandemia eterna

Entre las tantas desigualdades y carencias que ha dejado entrever la pandemia del Covid-19 desde sus inicios, además de la descarada xenofobia y el elitismo de los países más poderosos, se encuentra un mal focalizado en un sólo sector de la población: las mujeres. Niñas, adultas, ancianas; este escurridizo y casi siempre imperceptible fenómeno no discrimina en cuanto a edad, estatus social ni creencias religiosas. Es otra pandemia, una más silenciosa, que no le gusta llamar tanto la atención y, por lo tanto, ha logrado permanecer en el ADN de la humanidad por miles de años.

Hoy 25 de noviembre, volvemos a recordar a Patria, Minerva y María Teresa, asesinadas por el ex presidente de República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo; hoy, recordamos la labor de estas tres hermanas por los derechos de las mujeres. Han pasado ya 61 años desde sus asesinatos, y pese a los esfuerzos por abatir las injusticias y violencia contra niñas y mujeres, los avances son contados y lentos. El discurso feminista se parece cada día más al de derechos humanos, un estandarte que varios presumen de portar, pero que poco hacen o aportan a la problemática. No faltarán los ayuntamientos y casas de gobierno que se pinten de naranja, como lo hacen todos los años, por unas cuantas horas, sólo para el discurso. No faltará aquel gobernador o alcalde que condene la violencia de género, que la califique de inaceptable, recordando a la población que a la mujer “no se le toca ni con el pétalo de una rosa”. La misma retórica, palabras huecas que se repiten una y otra vez. ¿Y qué se ha hecho? ¿Podría decirse que ha habido cambios? Al presidente le gusta decir que sí, que en “sus datos” hay mejoras, pero la realidad es otra. El número de víctimas de violencia ha incrementado en el país, sobre todo en estos dos últimos años, así como los feminicidios, las llamadas de auxilio y las peticiones de refugio. En el reporte de casos registrados en Quintana Roo actualizado hasta octubre de 2021 del Banco de Datos e Información Sobre casos de Violencia, el estado resalta como una de las 10 entidades en el país con mayor número de medidas de protección registradas; en Yucatán, ninguna autoridad puede decir cuánta violencia hay contra las mujeres, de qué tipo y en dónde; y en Campeche, pese a tener el mote de un lugar en donde nunca pasa nada, crece el número de denuncias de mujeres que han sufrido algún tipo de maltrato.

De más está decir que la llegada del SARS-CoV-2 al mundo ha acentuado la otra pandemia, la que se ha normalizado pese a la cantidad de víctimas mortales que llevan su nombre, pero que pocos quieren reconocer. Este 25 de noviembre, en México, se hace el llamado –una vez más– de detener la violencia contra las mujeres, frenar los feminicidios, acabar con el machismo que impera en la sociedad. A las autoridades les corresponde la elaboración de leyes inclusivas y protocolos severos para castigar a agresores y defender la integridad de niñas y mujeres, así como la libertad de decidir sobre sus cuerpos. La responsabilidad de la sociedad es tomar este día como una oportunidad para reflexionar sobre el tema, preguntarse qué puede hacerse individualmente o en colectivismo para erradicar esta violencia que impide a niñas y mujeres alcanzar la igualdad, el desarrollo y la paz que merecen.

 

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Edición: Estefanía Cardeña