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Astrid Sánchez
23/03/2026 | Mérida, Yucatán
Porque el ser humano, lejos de ser “el hijo consentido de Dios”, es solo un organismo más que habita y es habitado en el planeta, la ‘liternatura’ es una herramienta importante para tomar conciencia e interactuar de forma más responsable con nuestro entorno y erradicar así el llamado “trastorno por déficit de naturaleza”, compartió Andrés Cota Hiriart durante una entrevista realizada en el stand de La Jornada Maya en la Filey 2026.
Cota ve en la liternatura este cruce entre la literatura y el mundo más allá de lo humano, con otros protagonistas: animales y plantas que habitan este mundo viviente, lo que elimina la concepción de que el ser humano es el centro del universo.
“La diferencia entre lo que llamamos liternatura o narrativaleza, o como quieran llamarle, y la divulgación más clásica, es que este tipo de libros tiene una intención literaria. De primera fuente, el objetivo es hacer literatura y creo que parte de su poder, si alguno tiene, es romper esta idea del antropocentrismo, que me parece el sesgo más grave de nuestros tiempos, porque es lo que nos está metiendo en aprietos y lo que nos lleva al delirio de sentir que somos algo así como una criatura divina”, expuso el también fundador de la Sociedad de Científicos Anónimos.
Foto: Gerardo Jaso
Andrés presentó en la Filey su libro Fieras interiores, un vistazo a los seres que habitan o pueden habitar el cuerpo humano, el cual promueve la idea de que somos holobiontes, es decir, una unidad ecológica funcional con microorganismos asociados.
“Somos paisajes, no somos individuos; somos una comunidad ecológica en continua interacción y de la que, en buena medida, depende nuestro día a día. A veces da un poco de ansiedad pensar: ‘ah, caray, yo tengo arácnidos que viven en mi rostro’, porque hay dos especies de ácaros que viven en el rostro humano, como en cualquier otro mamífero. Pero la primera vez que te lo cuentan, pues te impacta… aunque siempre ha sido así.
“Pero no somos individuos, somos, insisto, holobiontes, comunidades de muchísimos seres. Y muchas de las cosas que tú consideras como identitarias —imagínate qué más identitario que el olor propio— están determinadas por esas bacterias que te habitan”, explicó.
Alertó sobre el analfabetismo ecológico o el “trastorno por déficit de naturaleza”, que impide conocer la relevancia de cada ser que habita en el planeta.
“Tendemos a ver las plantas como mero decorado; incluso en las ciudades cada vez conoces menos árboles, al menos por su nombre. Y no me refiero al nombre científico, sino a un nombre que permita diferenciar un árbol de otro, o de pájaros o de lo que quieras. Lo que pasa es que el nombre es la llave a la historia, y conocer la historia de los organismos o de otras personas es lo que te lleva a valorarlas más”.
Por ello, Fieras interiores echa un vistazo al abismo que los humanos llevamos en nuestro interior. Andrés explica que lo considera un abismo al compararlo con las profundidades marinas, donde los rayos solares no alcanzan y donde existe la mayor parte de la fauna.
“A mí me gusta recordar, insisto, romper ese artificio del antropocentrismo. Creo que nos hace bien y creo que nos hace falta”, señala.
Su literatura explora más allá de lo humano y reconoce el sistema viviente del cual dependemos.
“Somos habitados, por dentro y por fuera, por un bestiario enorme, súper variopinto y biodiverso, de criaturas diminutas, de microorganismos que, en buena medida, nos hacen ser quienes somos y a los que a veces no prestamos atención”.
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Edición: Emilio Gómez