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La Jornada Maya
23/03/2026 | Mérida, Yucatán
El cierre de actividades de La Cúpula, el stand de La Jornada Maya en la Filey 2026, tras nueve días de experiencias, estuvo a cargo de Margarita Robleda, colaboradora de esta casa editorial, quien llenó el espacio de risas y canto.
La Cúpula se convirtió en un punto de encuentro inesperado, cálido y vibrante. Ahí, la escritora tomó la palabra para cerrar la jornada con una propuesta que fue mucho más que una presentación: una celebración colectiva de la imaginación, la ternura y la esperanza.
Foto: Gerardo Jaso
“Croando con Margarita Robleda” comenzó como empiezan las historias que se quedan, con una invitación a jugar. La autora irrumpió con su energía característica, entre voces de rana y carcajadas, para romper de inmediato cualquier distancia con el público. Niños, jóvenes y adultos fueron acercándose poco a poco hasta rodear el stand, atraídos por esa mezcla de humor, música y complicidad que se fue expandiendo como una ola.
“En estos momentos necesitamos alimentarnos de esperanza, de alegría”, dijo, antes de entonar una de las canciones que marcaría el ritmo de la tarde.
“Mañana será mejor porque lo decido yo, porque lo construyo hoy”, cantó, y el público respondió. Pronto, diversas voces repetían el estribillo, convirtiendo el espacio en un coro espontáneo donde la incertidumbre cotidiana parecía diluirse, al menos por un instante.
La autora, que está por cumplir 76 años, se movió con soltura entre géneros y registros. Pasó del canto al rap, de los juegos de palabras a las adivinanzas, del cuento improvisado a la reflexión directa.
“Soy más joven que muchos jóvenes que dicen ‘qué flojera’”, lanzó entre risas, mientras reivindicaba la importancia de pensar, decidir y construir el propio camino.
Uno de los momentos más entrañables llegó cuando invitó a niñas y niños a subir y cantar con ella. “Este soy yo y merezco respeto”, repetían juntos, en una escena que sintetizaba el espíritu de la actividad. Para Robleda, la palabra no es sólo un ejercicio literario, sino una herramienta viva.
“Mi vocación es hacer lagartijas a las neuronas y cosquillas al corazón”, afirmó.
A lo largo de la sesión, también compartió fragmentos de su experiencia como escritora y viajera, recordando que la literatura puede tender puentes incluso sin idioma de por medio. Narró, por ejemplo, su encuentro con una mujer en China, con quien logró comunicarse sin palabras, a través de gestos, frutas y risas. “Nos entendíamos”, dijo, subrayando la potencia de lo humano por encima de cualquier barrera.
El público respondió con preguntas, aplausos y cercanía. Algunos se acercaron para agradecerle. Otros simplemente se quedaron a escuchar, a cantar o a sonreír. En un cierre simbólico, Robleda invitó a las personas a abrazarse entre sí. “Más libros y abrazos, cero balazos”, expresó, mientras el stand se transformaba en un espacio de contacto genuino.
Así, entre canciones, cuentos y carcajadas, Margarita Robleda no solo cerró las actividades en el stand de La Jornada Maya. Logró algo más difícil y más valioso: reunir a una comunidad momentánea alrededor de la palabra, recordando que, incluso en tiempos complejos, la alegría también puede ser un acto colectivo.
Edición: Estefanía Cardeña