Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

¿Los ateos pueden tener un sentido religioso de la vida? Y si esto es posible ¿Quién o qué es Dios para ellos? Eso le pregunté hace tiempo a Ernesto de la Peña, un especialista en religiones a quien consultaban, pastores, sacerdotes y rabinos por igual. Un sabio sin pedantería que había perdido la fe.

Se puede tener un sentido religioso de la vida, me dijo, como ocurre en algunas sociedades orientales. Y para definir qué era Dios, me dijo con una sonrisa: “es el gran deseo incumplido de los que no creemos en él”.

Como sea, ningún personaje de la historia o de la ficción ha sobrevivido tanto en la memoria humana como Jesús, el Cristo que refieren los Evangelios y cuyo martirio se recuerda en estos días.

Su vida sencilla ha dado lugar a complejísimas interpretaciones teológicas. Tantas que muchas parecen contradecir abiertamente el eje de su doctrina que él mismo resumió en la frase “ama a dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”.

Podría decirse, por contradictorio que parezca, que su doctrina del amor ha generado más guerras y más odios que ninguna.

Cuando un grupo de fanáticos y líderes corruptos quiso imponer su reino en este mundo sólo lograron construir las zonas más oscuras de la oscura Edad Media.

Ecos sangrientos de aquella teocracia fallida aún se escuchan en muchas partes: en la veneración a terroristas como los cristeros que combatieron la educación volando trenes y violando maestras rurales, o en el inverosímil San Juan Chamula donde en el nombre de su divinidad se impide a niños de otras creencias asistir a las escuelas públicas.

Pero Jesús no deja de seguir sorprendiéndonos. Los Manuscritos de Nag Hammadi, los Rollos de Qumrán o del Mar Muerto, o el Evangelio de María Magdalena han alimentado a las nuevas generaciones de lectores sobre la vida y obras de este personaje cuya doctrina puede anular el pasado como escribe Borges.

Apócrifo en la antigüedad significaba oculto, secreto, escondido. Los Apocrypha eran libros para los iniciados, para los que habían rebasado los conocimientos básicos y querían y podían no conformarse con este mundo sino transformarlo.

Hoy apócrifo es sinónimo de falso y se les denomina a todos aquellos textos que refieren la vida de Jesús pero que no forman parte del canon bíblico.

Los cuatro evangelios aprobados por la Iglesia dan cuenta de la vida de Jesús pero omiten notoriamente su niñez. ¿Por qué? Lo ignoro. Por eso me llamaron poderosamente la atención los llamados Evangelios Apócrifos pues nos hablan del Jesús niño de forma explícita. Me parece por momentos más humano que el que muestran estampas y retablos.

En esos evangelios podemos ver, por ejemplo, a un niño que se divierte un sábado haciendo palomas con lodo y cómo los padres de la iglesia lo reprenden por trabajar ese día reservado para adorar a la divinidad. Para no dejar huella de lo que hacía o para evitar más reprimendas el pequeño Jesús ordena a las palomas levantar el vuelo y eso ocurre.
En otra ocasión mientras jugaba con otros niños uno de ellos cayó muerto a causa de un golpe. Como Jesús era el único extranjero en ese pueblo fue fácil culparlo. Sobre todo si el niño muerto era el hijo del rey.

Jesús fue acusado y señalado por un testigo y al darse cuenta de que nadie defendería su inocencia le pidió permiso al rey para llamar a un testigo que diría la verdad. Como accedió el monarca Jesús le ordenó al niño muerto despertar para que dijera quién lo había matado y acto seguido el príncipe se levantó del lecho y señaló al culpable.

Según la Iglesia, los libros apócrifos son falsos y en el mejor de los casos piadosas versiones populares que intentaron llenar los huecos dejados por los libros aceptados por el alto clero. Si fuéramos estrictos podríamos decir que los libros aprobados por el canon bíblico son a su vez versiones de otros tantos libros donde aparecen mesías redentores y diluvios universales. Basta acercarse al Gilgamesh para comprobarlo.

Como sea, los Evangelios Apócrifos nos muestran a un Jesús demasiado humano y en cuya vida aparecen las mujeres con un papel más activo y protagónico. Eso ocurre con la desdeñada María Magdalena, quien en dos mil años no ha logrado quitarse la imagen de ramera.

En 2003 la novela El código Da Vinci de Dan Brown dio cuenta del interés que miles de personas tienen por ese Jesús desconocido y por saber cuál es la verdadera historia de María Magdalena.

Aceptados o no por las jerarquías Los Evangelios Apócrifos nos seguirán acompañando por largo tiempo.


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