Antes se llamó San Cosme, pero en 1904 cambió su nombre en honor a su fundador, Don Joaquín Marcial García Ginerés, tarragonés llegado desde Cuba a la Península de Yucatán en 1898, hace ciento diecisiete años. La García Ginerés, como la mayoría de la población la llama, es actualmente una de las colonias emblemáticas de la ciudad de Mérida. Sus amplias casas de mampostería con extensos patios que albergan árboles frutales de zapote, mango o mamey; sus calles apacibles y espaciosas, la cercanía del parque de Las Américas, inaugurado en 1945 y su ubicación privilegiada dentro de la zona que es paso obligado para transitar del centro al norte de la ciudad, han hecho de este espacio uno de los preferidos por quienes, como Don Joaquín, continúan llegando a la Ciudad Blanca para cobijarse con la calidez del pueblo yucateco y enriquecer, aún más, la inmensa diversidad cultural del sureste.

Entre “los que llegaron” provenientes de otras latitudes ahora se encuentran Alejandro Ashley, de Reino Unido y Xixili Naiz, del País Vasco en España, una joven pareja que dio un giro copernicano a sus vidas para centrar todos sus esfuerzos en gestionar, siempre en comunidad, esos bienes y recursos que nos pertenecen a todos. Su objetivo es ambicioso pero más simple de lo que parece: retomar aquellas prácticas colectivas que fortalecen el tejido social, que le quitan valor al dinero para dárselo a las personas y que permiten vivir mejor con menos, pero haciendo más. Su pensamiento crítico y reflexivo, así como su personalidad serena y afable, los llevaron a emprender el proyecto Cultura Savia, un lugar de puertas abiertas, un movimiento transversal y una propuesta colaborativa donde se aprende y se genera desde todos los puntos a partir del acercamiento con el otro y cuyo centro neurálgico, precisamente, se encuentra asentado en la colonia García Ginerés.

Fue justo aquí, en Cultura Savia, donde el pasado 28 de marzo a las 20:30 horas se realizó el concierto “Sonidos Sanadores”. Receptivos a la experimentación y el contagio, Alejandro y Xixili se valieron de la complicidad de dos ciudadanos creadores, para hacer que la cultura sucediera una vez más en esta capital que se quitó el traje de gran ciudad para recibir, como se recibe en casa a los amigos, al flautista español Bohindra y al músico oaxaqueño Sergio Layd Santiago Matías, responsables directos de recordar a los asistentes lo necesaria que es la música en nuestras vidas. Un pequeño escenario al aire libre, rodeado de abundante vegetación, con la mínima iluminación para generar ese halo de intimidad que convoca a aproximarse y una noche despejada, de ligera brisa que reanima, fueron el marco en que se llevó a cabo esta celebración a la vida que, como nos canta Serrat, “de vez en cuando se nos brinda en cueros y nos regala un sueño tan escurridizo, que hay que andarlo de puntillas para no romper el hechizo”.

Dicen por ahí que infancia es destino y en el caso de Bohindra quizás sea cierto. Él es originario de Vitoria-Gasteiz, capital de Álava y sede de las principales instituciones políticas de la Comunidad Autónoma del País Vasco, una ciudad enclavada en el cruce de caminos, como su música y como este concierto que, en esencia, fue un sencillo muestrario de cómo las culturas pueden darse la mano a través de múltiples formas, entre ellas, la fusión de sonidos. Carismático, apacible, de ojos que escudriñan hacia adentro y aficionado al jazz y el bossa-nova, este flautista eligió la ruta del sol para llevar a sus escuchas, atentos y expectantes, por un recorrido contemplativo que comenzó en el país de los emperadores, Japón; continuó por la imponente China amurallada pasando por el Tibet del célebre Dalái Lama y atravesó la India, esa que estalla en mil colores durante el Festival Holi, para luego llegar a geografía europea, el continente origen de tantas cosas y de ahí, a América, nuestra América, concluyendo en Australia que, duele decirlo, conocemos más por la cinta Cocodrilo Dundee que por sus características únicas y el aporte cultural de los pueblos nativos.




La suave flauta de Bohindra simuló por momentos ser una caña de bambú que al soplarla suena como pájaro, un sonido tan elemental que sutilmente se transformó en otro más hondo y evocador de la meditación sonora desarrollada por los monjes budistas Zen. El viaje continuó y el cielo en total oscuridad recibió las voces místicas de la música védica que poco a poco se desvanecieron para dar cabida a la sonoridad de los pueblos de tradición celta en la Europa Occidental, con una flauta más dulce pero también más potente y más épica que de inmediato despertó el deseo de seguirla con el movimiento acompasado del cuerpo. Luego llegaron los sonidos familiares de nuestro continente, esos tambores y caracolas marinas que remiten inevitablemente al Mayab y a la historia antigua de Yucatán. Pero como viajar es dejar el hogar, Bohindra emprendió un último pero largo vuelo para dibujar en el aire el sonido del ancestral didyeridú, ese instrumento de viento en forma de tubo, elaborado de madera de yidaki (eucalipto), que es empleado por los aborígenes en Australia para acompañar los bailes y marcar el tiempo de las canciones.

Sergio Layd fue el compañero incondicional de Bohindra en este trayecto. Movido por el genuino deseo de compartir, aprovechó sus conocimientos en el campo de la sonoterapia para sincronizar, sin mayor complicación, los cuarzos musicales con los cantos armónicos (overtones en inglés), la medieval flauta travesera y la inquietante flauta kiowa de su colega. Residente desde hace cinco años en Yucatán, Sergio es un entusiasta que también trabaja en solitario a través de “Sonidos del Origen”, la iniciativa personal con la cual promueve la cultura de paz, transmite la espiritualidad de la música y contribuye a preservar el patrimonio tangible e intangible del milenario pueblo maya, en particular aquel relacionado con las ceremonias y rituales, cargados de simbolismos, que los ancestros realizaban con diferentes propósitos. Un peregrinar que lo ha llevado por distintos países, entre ellos Guatemala, Belice, Venezuela e Italia y que además le permitió, recientemente, integrarse al Consejo de Ancianos y Sacerdotes Mayas de Yucatán.

Tal como un instrumento musical sirve de contraste a otro y, juntos, permiten la creación de perfectas melodías, de la misma forma la identidad alegre, incluyente y generosa de Sergio armonizó con la de Bohindra, haciendo posible que ambas energías fluyeran y ofrecieran a todos los ahí reunidos un instante para el disfrute y una exaltación a lo fundamental de la existencia, aquello que hace inequívocamente humano al ser humano, como percibir el entorno a través de los cinco sentidos. Retomando la sabiduría de los Kobdas o Koptos del antiguo Egipto, se trata de “buscar la belleza en lo más profundo de las cosas”, afirma Bohindra con la contundencia del que se ha inspirado en las enseñanzas de las grandes civilizaciones para difundir el poder de la música como agente revitalizador del espíritu. “Es tiempo para hacer la paz y vivir en amor”, fueron las palabras con las que Sergio finalizó el concierto; una frase más que oportuna si se toma en cuenta la terrible violencia que lamentablemente se sufre en gran parte del país y en otros tantos sitios alrededor del mundo, pero que no solo es ocasionada por el crimen organizado sino también por el enfrentamiento entre culturas.

Hoy es imposible pensar en el futuro de la humanidad sin reflexionar sobre un hecho: las nuevas tecnologías de la comunicación y la información han acortado las distancias entre las sociedades y quienes las conforman, haciéndolas cada vez más mutantes y propensas a todo tipo de interacciones. En el caso de la Península de Yucatán, decir que es tierra fértil para el intercambio cultural se ha vuelto tan noticioso como decir que en Alaska hace frío; sin embargo, su carácter cosmopolita y los procesos subyacentes que de ello se desprenden, están llenos de sucesos que merecen ser contados y que, para apreciarlos en su completa dimensión, es necesario aprender a mirar alejados de concepciones idealistas o estereotipadas que poco favor le hacen a ese enriquecimiento recíproco, resultado de vivir en contacto con personas de origen y bagaje cultural distintos a los nuestros.

Navegantes aventureros como el Ulises de los griegos, Alejandro, Xixili, Bohindra y Sergio, son solo algunos de los muchos forjadores de historias que han traspasado los límites fronterizos y se han convertido en una suerte de rizomas que contribuyen a democratizar el conocimiento, introducir cambios y construir nuevas experiencias y nuevas formas de creación. Las posibilidades que encuentros como este generan son innumerables, cada relato es diferente, no hay protagonista igual. Como podrán ver, la cultura no es solo entretenimiento, detrás de cada una de sus manifestaciones hay una multiplicidad de personajes que nos cuentan el mundo y nos hablan de sus luces y sus sombras. Los espero la próxima semana para reconocernos en otros rostros y a esta ciudad, en otros contextos.



Fin de semana:

Ciclismo
Los sábados la Bici Ruta se lleva a cabo de 8:00 a 12:00 horas en el Fraccionamiento Las Américas.

Cine
Este sábado 4 de abril a las 17:00 horas, el Centro Cultural Olimpo de Mérida presenta dentro del Ciclo para Niños, la cinta animada El príncipe de Egipto (Estados Unidos, 1988). Entrada libre.

Museos:
El Museo de Arte Popular de Yucatán presenta la exposición “La Expresión del Barro”, una selección de obras resultado del trabajo de más de 500 artesanos en la especialidad de barro, provenientes de 21 países de Iberoamérica. La muestra estará abierta hasta mayo 2015. Dirección: Calle 50-A No. 487 x 57, Barrio de La Mejorada. Horario: martes a sábado de 10:00 a 17:00 horas. Entrada gratuita.

Música
Consulta el programa de la Temporada de conciertos Enero-Junio 2015 de la Orquesta Sinfónica de Yucatán en: www.sinfonicadeyucatan.com.mx


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