Se dice que es un fósil viviente, ya que habita el planeta desde hace más de 100 millones de años: se trata del pejelargarto, una especie de pez cuya cabeza es similar a la de los lagartos y el cuerpo a los peces, de ahí su nombre.

Este singular ejemplar habita predominantemente en agua dulce, en Norteamérica y Centroamérica, al sur de Quebec y Costa Roca, en ríos y lagunas de Veracruz, Tabasco y Campeche, además de Guatemala, Belice, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica.

 

Foto: Rolando Pasos Pérez

 

Características

De acuerdo con Jacqueline May Díaz, vocera de la organización “Desarrollo y Medio Ambiente, A.C.”, esta especie tiene forma alargada y tubular, con el hocico desproporcionadamente grande y generalmente alargado, aunque en algunos de sus parientes lepisósteos, éste es corto, ancho y en forma de pala. 

Su piel está recubierta por una capa de escamas duras con forma de diamante que crea un especie de armadura protectora, de color verde-grisáceo, y los flancos blancos, cubiertos de una sustancia mucilaginosa.

“Destacan por poseer un hocico alargado y deprimido entre los ojos y su nariz,” explica May Díaz. “La región etmoidal entre el cráneo y la mandíbula inferior se encuentra alargada hasta formar el hocico rodeado de grandes colmillos, con las fosas nasales en el extremo del hocico en vez de en su base delante de los ojos”.

Estos peces poseen vértebras estructuralmente muy parecidas a las de los reptiles. Posiblemente sean el único grupo de peces con vértebras de este tipo, que permiten que su cara frontal sea convexa y la parte trasera sea cóncava.

Habitualmente nadan de forma tranquila y lenta, pero a una velocidad explosiva en el momento de lanzar un ataque a sus presas.

 

Foto: Bennett Grappone

 

Estos peces pueden medir entre 60 centímetros y un metro de largo, aunque se han encontrado ejemplares de 3 metros, con un peso de más de 130 kilogramos.

El pejelagarto es un depredador voraz y eficiente: tiene una boca equipada con dientes cortantes y puntiagudos. Se alimenta de peces, pájaros pequeños y crustáceos de río.

“Una de las razones por las que el pejelagarto ha sido capaz de sobrevivir durante tanto tiempo es su capacidad de prosperar incluso en las aguas más inhóspitas. Está provisto de una vejiga que puede rellenar tragando aire y que utiliza para proporcionar a sus branquias oxígeno en entornos en los que este elemento escasea,” explica Jacqueline May.

La carne del pejelagarto es comestible, pero se consume muy poco, principalmente por su aspecto, además de la gran cantidad de espinas que contiene. Sus huevos son altamente tóxicos para el ser humano.

 

Hábitat

La bióloga Yanec Jiménez Ruiz señala que el pejelagarto suele habitar en aguas dulces, sin embargo, frecuentan las aguas salobres y las costas del Golfo de México, en zonas con abundante vegetación acuática.

En México, se les encuentra en ríos, lagos y lagunas de Veracruz, Tabasco y Campeche. En estos últimos dos estados han iniciado proyectos de reproducción con fines comerciales, con granjas de tipo rústicas, a través de jagüeyes.

 

Reproducción

La reproducción se lleva a cabo exclusivamente en agua dulce. La mayoría de los pejelagartos se aparean entre abril y principios de junio. En Norteamérica, las especies de pejelagartos con distribuciones más al norte se reproducen a comienzos de mayo hasta mediados de junio en aguas poco profundas, con rica vegetación y de agua con bajo caudal, explica Jiménez Ruiz.

Los machos maduran en el primer año de edad (36-42.5 cm), las hembras maduran y desovan en el segundo año (36 - 48.5 cm), pero es en el tercer año de edad que las hembras desarrollan su potencial reproductivo.

“Una sola hembra grande puede desovar con varios machos pequeños. Los huevos son de color verde, tóxicos y muy pegajosos, estos se adhieren a la superficie de las plantas acuáticas, troncos o piedras sumergidas. Una vez que ocurre la eclosión, nacen larvas lecitotróficas con capacidad de dispersión limitada y que no son capaces de alimentarse en su estadía en el plancton, por lo que viven a expensas de su reserva de vitelo hasta convertirse en alevines, las larvas permanecen adheridas a los troncos de la vegetación mediante un una especie de órgano adhesivo ubicado en su vientre, este órgano adhesivo desaparece a las pocas semanas de alimentarse activamente”, dice la bióloga.

 

Foto: Lepisosteus

 

Al absorberse el saco vitelino, las larvas desarrollan un filamento que se extiende a la aleta caudal que sirve como protección contra los depredadores que se acercan por detrás. Son de crecimiento rápido y pronto mostrarán la larga mandíbula típica. Durante las primeras semanas de vida permanecen muy cerca de la vegetación acuática, hasta que son capaces de cazar por sí mismas y alcanzan un tamaño considerable para alejarse de sus refugios.

La diferencia hembra-macho durante la temporada de reproducción es evidente por presentarse un notorio abultamiento y plasticidad del abdomen de las hembras.

Una hembra puede poner de 8 mil a 12 mil huevos por kilogramo de peso.

Los huevos maduros miden 3 milímetros de diámetro en promedio.

 

@ca.ma.leon

 

Lepisosteiformes / PEJELAGARTO 

Especies: 7 en el mundo, 5 en México 

Los más comunes: Atractosteus tropicus 

Tamaños: Suelen medir entre 60 centímetros y 1 metro de largo 

Alimentación: Peces, pájaros pequeños y crustáceos de río 

Depredadores: El hombre Hábitat: Este de Norteamérica, Centroamérica y Caribe

 

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Edición: Laura Espejo