Docencia a distancia, un reto de organización y también económico

24 de enero, Día Internacional de la Educación
Foto: Fernando Eloy

Jennifer Salazar Morales es directora de una escuela de educación prescolar y madre de dos niños pequeños y un adolescente. Ella enfrenta la educación a distancia con retos multiplicados que comienzan desde muy temprano con la necesidad de conexión a internet de todos los integrantes de la familia, de cinco miembros, lo que también ha supuesto un mayor gasto económico. 

En medio de la contingencia por COVID-19 que los obligó al trabajo en casa, ella, su esposo y sus tres hijos han aprendido a organizarse y poco a poco la “nueva normalidad” se ha convertido en la oportunidad de construir y generar vínculos e incluso de descubrir talentos y apostar a la capacitación.

Jennifer es directora del jardín de niños “Justo Sierra” de la localidad de Calderitas, al sur de Chetumal y es madre de tres varones, de 14, diez y cuatro años, que cursan tercero de secundaria, quinto año de primaria y segundo de prescolar.

Para las actividades académicas y laborales de la familia tuvieron que contratar una segunda línea de internet y adquirir equipos de cómputo porque presentaban problemas de conexión. 

“Nos costó mucho trabajo, yo no dominaba las plataformas de llamadas y ha sido nuevo;  tuvimos que explorar y en eso perdimos mucho tiempo, en medio del trabajo los niños tenían que conectarse y había un choque de horarios que nos causaba conflicto”, relata.

Un día normal hábil para la familia de la maestra Jenni inicia muy temprano, pues además de lo laboral están los quehaceres domésticos. Su esposo es docente universitario, por lo que desde las siete de la mañana comienza sus actividades laborales desde casa. 

“En la casa todos ocupamos internet, hasta el más chiquito. En las mañanas hacemos las tareas con el material que proporciona su maestra; desde las ocho el mayor y mediano se conectan y depende de la programación de Aprende en Casa, y así transcurren sus actividades mientras que como directora también tengo que estar al pendiente de las actividades que hacen las maestras e informar a las que nos convocan la supervisión y autoridades”, explica. 

Admite que no ha sido una tarea fácil porque los tres hijos tienen niveles educativos diferentes y cada uno requiere atención específica para su edad, sobre todo cuando hay temas que no comprenden y que de manera presencial les sería explicado más a detalle. 

“Debemos estar al pendiente de que no se les pase, por ejemplo, si tiene clases desde las ocho y entonces tenemos que estar al pendiente, y eso se ha vuelto complicado, aunque tratamos de hacerlos responsables y que se hagan cargo de sus cosas”, relata.

Reconoce que estos meses han servido para desarrollar o descubrir aptitudes en el manejo de tecnología que incluso le han posibilitado tomar cursos. En este sentido, asegura que se ha apoyado de su hijo mayor para hacer presentaciones o videos que le sirvan laboralmente, y se ha familiarizado con los programas. 

Después de casi diez meses con actividades a distancia, Jennifer y su familia están más organizados e incluso se han dividido por materias para apoyar a los niños, principalmente, dice, han aprendido a construir vínculos y conocimiento entre los integrantes de su familia.

 

Este domingo 24 de noviembre, La Jornada Maya presenta el especial 24 de enero, Día Internacional de la Educación, de la mano de sus reporteros y columnistas:  

- Maaya ajka’ansajo’obe’ tu patjo’oltajo’ob u nu’ukbesajil kaambal ka’alikil pak’be’en k’oja’an

- El rezago y deficiencias son inevitables

- OMS recomienda no cerrar escuelas durante la pandemia 

- Docencia a distancia, un reto de organización y también económico

- 'Aprende en casa', un modelo educativo que no suple al docente

- Disrupción educativa sin precedente: ONU

- No hubo una estrategia clara para el nueva sistema educativo virtual: profesora

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- Docentes de educación indígena, creativos para evitar deserción escolar por pandemia

Edición: Elsa Torres