Foto: Sergiopv @serpervil

Raquel tenía 20 años cuando supo que estaba embarazada. En ese momento sentía que el mundo “se me venía encima”. Su relación de ese momento no era la más sana ni honesta, además que todavía seguía estudiando la licenciatura, vivía con sus padres y su situación económica era grave: estos factores la motivaron a no tener al producto.

El abortar no es sinónimo de crimen, simplemente es una elección de cada mujer, pues cada quien elige qué hacer con sus cuerpos y es un tema de derechos humanos, coincidieron tres mujeres que pasaron por lo mismo: se practicaron un aborto.

Tres mujeres abren su corazón y relatan a La Jornada Maya sus testimonios, cómo fue el proceso y las complicaciones que atravesaron: familias conservadoras, falta de recursos, la criminalización, lugares seguros y personal médico para hacerlo, entre otros. Incluso, una de ellas tuvo hijos después, hoy es abuela. 

Además, opinaron que todavía existen muchos mitos y discursos de odio promovidos por grupos anti derechos humanos y religiosos, que fomentan todavía más el miedo y el estigma ante este proceso, un derecho que es garantizado en varias partes del mundo. 

El 7 de septiembre de 2021, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) declaró inconstitucional la criminalización absoluta del aborto en el estado de Coahuila. Dos días después, invalidó una sección de la Constitución de Sinaloa que protegía la vida desde el momento de la concepción. En ambas sentencias, el tribunal se centró en los derechos reproductivos de mujeres y personas gestantes.

Aquí tres historias. Los nombres de sus protagonistas han sido cambiados.

 

La búsqueda de Raquel

Raquel sentía que “era muy joven e inexperta para tener un hije [sic] y aunado que no sentía el apoyo de su entonces pareja. “Para mí, la única decisión sana era no continuar con el embarazo”, afirmó.

Además, admite que no tenía la menor idea de dónde hacerlo o con quién ir; lo primero que hizo fue buscar en Internet opciones para abortar en Mérida, aunque sabía que era ilegal en las condiciones en las que se encontraba.

En la primera búsqueda no tuvo éxito, así que le comentó a una amiga cercana sobre su decisión, pero tampoco sabía a dónde ir. Entonces, otra amiga, que se había realizado un aborto en una clínica con perspectiva de derechos humanos de Mérida, les ayudó.

“No lo pensé dos veces y conseguí el teléfono de la clínica y llamé para sacar una cita... ya no quería que pasarán más días”, expresó.

Cuando llamó, se sentía con muchos nervios e incluso con mucho miedo; sin embargo, la persona que la atendió era muy amable y sentía confianza en sus palabras.

“Sinceramente el proceso no fue nada fácil para mí, ya que pasé por los momentos de investigar en dónde hacerlo, conseguir el dinero y planear a dónde”, relató.

Todo el procedimiento lo realizó sola, ya que su pareja no vivía en la misma ciudad. “La verdad es que me sentía muy sola atravesando esta experiencia, porque además obviamente mi familia no lo sabía y no podía contar con el apoyo de elles (sic). Bueno, al menos yo no me sentía en confianza de contarles ya que mi mamá es muy religiosa y sabía que no estaría de acuerdo en que yo abortara”, señaló.

Después del procedimiento, admite que se sentía “bajoneada” y desanimada, y experimentó sensaciones de decepción y tristeza, pero después de analizar que todo salió bien, que se encontraba sana, pudo determinar mejor que la decisión era la que quería. “Sentí alivio, muchísimo alivio”, afirmó.

La entrevistada consideró que todavía hay muchísimos mitos, estigmas, discriminación y desinformación sobre el tema del aborto con familiares, compañeros de trabajo, amistades y conocidos.

“Me enoja muchísimo cómo la religión envenena nuestra sociedad, ya que al menos en México y en Mérida, existe un chingo de gente provida y antiderechos que creen que el aborto es una comodidad cuando yo creo que la interrupción legal del embarazo es una necesidad de salud pública, las mujeres se están muriendo porque abortan en condiciones precarias, las niñas y adolescentes son obligada a ser madres a tan temprana edad”, manifestó enérgicamente.

Con respecto a las determinaciones de la SCJN, las consideró acertadas pues están a favor de los derechos humanos, de que se respete a la mujer y las decisiones que ella tome sobre su cuerpo. “Me dan esperanza para que muy pronto el aborto legal, seguro y gratuito sea posible en todo el territorio mexicano”, concluyó.

 

Las razones de Lorena

Lorena cuenta que “no quería ser mamá y sobre todo porque no quería tener una responsabilidad y tenía el presentimiento de que, quien era mi pareja en ese momento, no me iba a apoyar, ya que cuando le comenté que estaba embarazada de tres semanas me dijo: ¿y qué piensas hacer? Como si en mí recayera toda la responsabilidad”.

En el proceso estuvo acompañada de sus amigas; también la acompañó su pareja, “realmente yo no sabía a dónde acudir para que me realizaran el aborto. Mi pareja me comentó sobre una asociación que se llama Marie Stopes clínica de aborto legal y seguro (ILE)”.

Él había escuchando en su escuela sobre esa clínica y “fue cuando entré a Internet para buscar más sobre ella, vi que realizaban el aborto a precios accesibles, era seguro y me inspiró confianza. Decidí marcar para pedir información y ahí me comentaron que había diferentes paquetes y procesos, si querías que te sedaran el costo era más alto por lo que yo elegí el de menor costo que no incluía que me sedaran, pero me daban analgésicos y antibióticos; tuve que elegir ese porque en ese momento tenía 22 años y no tenía una buena economía como para pagar el más caro; el costo del paquete lo dividimos entre mi pareja y yo”.

Ella afirma que nunca dudó de la decisión, siempre se mantuvo firme, aunque sí tuvo miedo, pero “nunca dudé de nada”, dice segura.

El proceso duró 10 minutos, aproximadamente; cuenta que fue por aspiración y lo realizó una ginecóloga que trabaja en la clínica. “Fue extremadamente doloroso ya que no me sedaron porque el paquete no lo incluyó”, compartió.

Comenta que no tuvo complicaciones después del proceso, ni algún tipo de secuela emocional. “Todo salió bien, de hecho te citan una semana después de que te realizan el procedimiento para checar que no haya quedado nada y hacerte preguntas de seguimiento”, revela.

Lorena considera que aún hay mitos y desinformación en torno al tema. “Sobre todo en población con bajos recursos y sobre todo por parte de la religión, ya que para ellos que una mujer aborte es un pecado”.

En cuanto a la resolución de Corte, opinó que es algo positivo ya que, al ser inconstitucional la penalización del aborto, las mujeres podrán sentir más confianza en decidir.

“El abortar no es sinónimo de crimen, simplemente es una elección, ya que cada mujer es libre de decidir qué hacer con ella y su cuerpo, tomar la decisión de abortar debe ser siempre una elección libre y segura”, expresó. 

 

Hoy, abuela

La tercera entrevistada comentó que antes de tener a su primera hija tuvo dos abortos: uno cuando tenia 20 años y a los 22. La primera vez lo hizo en una clínica clandestina, y en la segunda le hicieron un legrado en el Hospital General Agustín O’Horán.

No se arrepiente de ninguno y si fuera necesario lo volvería a hacer, acepta; y si sus hijas le indican que necesitan practicarse uno cuentan con todo su apoyo. “Creo completamente que es un derecho propio de las mujeres porque somos dueñas de nuestros cuerpos, es un tema de derechos humanos y no nos tienen que criminalizar”, manifestó.

También comenta que no tiene ningún trauma al respecto, al contrario, después de eso ha estado bien con la vida y los “seres supremos”; sin embargo le preocupan las mujeres que no tienen los recursos económicos para hacerlo. 

No quería ser mamá, en ese momento, apenas iniciaba su licenciatura. Pero ahora es madre de dos mujeres y abuela.

Abortar en México es al mismo tiempo un derecho y un delito que se regula a nivel local. Dependiendo de la entidad, existen ciertas circunstancias, llamadas causales de no punibilidad, bajo las que cada Código Penal no lo castiga o considera delito.

 

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Edición: Laura Espejo