La mujer emancipada

Especial: 8M Día Internacional de la Mujer
Foto: Enrique Osorno

Todo avance en el reconocimiento de los derechos de las  mujeres implica no sólo un genuino logro en el ejercicio de su vida civil, sino también una serie de cambios en la manera como se relacionan con los varones, afectando las costumbres establecidas. Tales procesos traen consigo resistencias y objeciones de parte del sector masculino que se siente comprometido con los valores tradicionales.

La experiencia del pasado reviste significados especiales en la hora actual aunque varíen sus circunstancias históricas, porque permite identificar nociones que arraigan estereotipos y reducen el campo de percepción de la realidad oscureciendo sus alternativas. Incluso el discurso intelectual puede dar muestras de este efecto reactivo.

Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), teórico francés del anarquismo, observó el papel activo que algunas doctrinas conferían a la mujer de su tiempo, al igual que su intervención creciente en determinados espacios sociales, todo lo cual reprobó en ciertos pasajes de su libro De la justicia en la Revolución y en la Iglesia (1858). Dos mujeres dieron respuesta a las apreciaciones del escritor al editar sus respectivas obras. Para continuar la polémica, Proudhon preparó un texto más que no llegó a ver publicado porque la muerte se lo impidió. A pesar de quedar inconcluso, apareció póstumamente con el nombre de La pornocracia o la mujer en nuestros tiempos, traducido al castellano por el célebre Amancio Peratoner (Barcelona, 1892); en su capítulo final incluye notas y pensamientos que su autor no pudo desarrollar como se había propuesto.

El libro es áspero, severo y vehemente en su estilo. Trata a sus antagonistas como personas limitadas en su entendimiento e incluso llega a sugerir que repiten palabras ajenas, dando por sentado que son agentes encubiertos los que se expresan tras el nombre de ellas. Sostiene que la causa de la emancipación de la mujer es una tendencia destructiva de la familia como base de la sociedad, y del matrimonio monógamo e indisoluble, equiparándola en cambio con el comercio carnal que se impone por encima de la moral aceptada, conducto seguro de la tiranía y de la decadencia general.

Postula que, fuera de las distinciones orgánicas entre el hombre y la mujer, sólo puede haber equivalencia entre las cualidades que a cada cual corresponden: a él la fuerza y a ella la belleza apreciadas desde el triple punto de vista físico, intelectual y moral. Así, el varón es fuerte y la mujer bella en esos tres órdenes tal como fueron dotados por la naturaleza, y así uno se desenvuelve mejor en el trabajo productivo y la otra en el ámbito doméstico. En cuanto al matrimonio, toda unión fuera de él debilita lazos que sólo la abnegación y la conciencia pueden fijar para garantizar su perdurabilidad, sobreponiéndose incluso al amor, sentimiento del que es lícito prescindir llegado el caso porque “la conciencia es inmutable”. Aquí se entiende la crítica que le hace Marx al señalar que se sirve de “ideas eternas” para apuntalar sin éxito sus concepciones sociales y económicas.

Proudhon recurre a sofismas y argumentos frágiles para sostener sus formulaciones plenamente conservadoras en la esfera del trato entre los sexos, que provienen de su defensa del matrimonio como fundamento de la justicia social y del progreso. Su libro acoge un exceso de enunciados misóginos, como cuando dice: “toda mujer que sueña emanciparse ha perdido, ipso facto, la salud del alma, la lucidez del espíritu y la virginidad del corazón, y está en vía de pecado.”

Cabría añadir que se apoya en fuentes de una discutible calidad etnológica, que tienden a remarcar opiniones colindantes con el racismo y con la presunta existencia de naciones de idiosincrasia masculina o femenina, a diferencia, por ejemplo, de Engels que en El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado (1884) tomó como base los estudios de Lewis H. Morgan en las tribus iroquesas de Estados Unidos, y reflexionó metódicamente sobre ellos.

Por supuesto que para analizar cada obra es necesario comprender su contexto histórico y político, y la de Proudhon ha de juzgarse, pese a sus contradicciones, mediada por la convicción de edificar una sociedad animada de ideales libertarios.

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Este trabajo periodístico es parte de un especial que La Jornada Maya preparó este 8 de marzo en conmemoración del Día Internacional de la Mujer. La cobertura completa la puedes conseguir a continuación:

 

- Ser una caja vacía u otras formas de luchar después del 8M

- Carta al presidente en el día de la mujer

- Pandemia rompió el miedo: estudiantes conforman colectivas para denunciar abusos

- Soy una feminista rabiosa: Maru Medina

- Hay que luchar por nuestros derechos: Marián

- Ser mujer es superarse, salir adelante y trabajar el doble: Azeneth

- Ni siquiera querían escucharme por ser mujer: Rocío

- Mujeres produciendo con huevos, proyecto de vida de Itzel Suárez

- Somos factor de cambio en temas vanguardistas: Jaqueline

- 8M: Las protestas de mujeres que cambiaron el mundo 

- Femen, el grupo ucraniano que protesta con los senos desnudos

-Vital, pelear por los derechos de todos en un mundo diverso: Fridman Hirsh

-Aunque en teoría hay avances, todavía queda mucho por hacer: Maricela Flores

-Uniformes Vargas, 52 años de poder femenino en su máxima expresión

-'Nenis' llevan décadas luchando contra un sistema que precariza a las mujeres

-Mujeres quintanarroenses, con la tasa de fecundidad más baja del país

-Independencia económica nos da libertad para tomar decisiones propias: Aracely

 

Edición: Ana Ordaz