Sasil Sánchez


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Especial: Aprendiendo a ser otros

Kin wu’uyik u tsikbalta’al ba’al yóok’lal le k’oja’anilo’, ba’ale’ náach ku yúuchul, mix táan in beetik u kuentail... chéen ka a’alabe’ ts’o’ok u k’uchul way tu’ux yano’one’. Ja’ak’ in wóol”, me contaba una tía al recordar el comienzo del confinamiento en donde vivimos. Todos los días, por las noches, escuchaba atenta el noticiero pero no entendía nada y me preguntaba qué querían decir con lo que exponían, dónde había nuevos casos, cuánta gente se enfermaba y cómo iba la situación en relación al Covid-19. 

Por las venas del mundo comenzaba a correr una pandemia que, al cabo de un año, cambiaría el ritmo cardíaco de la sociedad y el pulso de la rutina; a todos nos impactó de manera diferente pero, al final, quedó dibujado en primer plano los bordes de la desigualdad y la precariedad.

Las recomendaciones, las medidas sanitarias, los programas de apoyo y las estrategias de confinamiento planteadas para apoyar a la sociedad tuvieron un enfoque distante a lo que los pueblos como el mío, Xaya, al sur de Yucatán, vivían y enfrentaban por esta enfermedad.

Después de un año, esta xla’ enfermedad, ha hecho que, nuevamente, hagamos lo que desde hace mucho tiempo aprendimos a hacer: resistir. Por un lado la autonomía asomó -escuetamente- ya que, como medida de prevención, algunos pueblos -como el mío- decidieron cerrar sus conexiones con el exterior para tener control de quiénes ingresaban a ellos y, para lograrlo, no necesitamos autorización de los mandos estatales, pues eso se definió en asambleas comunitarias y gran parte de la organización y cuidado surgió por acciones voluntarias de los habitantes. 

También, la información y el contexto de lo que divulgaban los medios, estaba prácticamente dirigida a la urbe por lo que surgieron importantes esfuerzos provenientes del pueblo mismo que informaron en maaya t’aan aquello que estaba pasando: videos, audios, manuales, medidas de prevención, entre otros recursos.

Las mujeres y hombres mayas que aún trabajan la tierra en los pueblos -como el mío- dieron fuertes bofetadas con guante blanco porque, así como el sector salud, muchas de las y los productores no tuvieron descanso y demostraron, una vez más, cuán vital e imprescindible es y será siempre la tierra y el trabajo en ella. 

Una cantidad importante de niñas y niños en los pueblos -como el mío- dejaron las aulas y, un porcentaje de ellos, tampoco siguieron el Aprende en Casa, la propuesta educativa para continuar las clases en línea, pues las condiciones no fueron aptas para ello, ni por los recursos tecnológicos necesarios, ni por las condiciones económicas, ni por el acceso a los medios comunicativos, entre otros factores. Y junto a ellos, caminó el magisterio del medio indígena puesto que cada quien ideó estrategias y recursos que les permitió seguir en contacto con sus alumnos pese a que las condiciones han sido adversas. 

A un año de la declaración de pandemia por Covid-19, la situación actual no se enfrentaría de la misma manera sin lo que los pueblos mayas representan en el estado en relación al trabajo y producción, pues muchas personas no tuvieron esa oportunidad de parar, no sólo porque a diario se ganan el sustento de vida, sino porque las condiciones en las que estaban desde antes, exigieron y exigen cada vez más, que realicen esos trabajos sin que su retribución económica sea pagada adecuadamente. 

El Covid-19 se reduce frívolamente a números

Los mayas y las otras identidades originarias presentes en la península, han sido de las más golpeadas por esta enfermedad a nivel nacional pues, según el Tercer Informe Epidemiológico 2021 de Covid-19, se han contabilizado 2 mil 106 defunciones por este virus en población indígena, de las cuales, el primer lugar, con 400 muertes es ocupado por Yucatán.

Podría pensar y enlistar -tal vez- una parte de las dificultades que los pueblos -como el mío- han pasado a lo largo de este año. Las tormentas y huracanes, la falta de agua, el acceso a los servicios de salud, la movilidad, el significado de economía, entre muchas otras cuestiones; pensar en cómo el Covid-19 ha impactado mi vida, me remite a pueblos como el mío, los abuelos, las mujeres, las niñas y niños, las abuelas, los hombres y jóvenes hemos aprendido a resistir pese a todas las adversidades que han tomado forma de opresión o de pandemia.

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Este texto forma parte de una edición especial que La Jornada Maya preparó para sus lectores al cumplirse un año de la declaratoria del Covid-19 como pandemia por la Organización Mundial de la Salud.


La cobertura completa la puedes leer a continuación:

-Reflexiones a un año de la declaratoria de la pandemia 

-Hemos tenido siempre como guía priorizar la vida y la salud: Mauricio Vila 

-Restricciones por coronavirus causaron enojo; fueron decisiones difíciles: Aysa 

-Detener actividad turística de QRoo, la decisión más difícil: CJ 

-Campeche, con esperanza de una nueva normalidad ante Covid-19 

-Del 'puente' a una nueva forma de vida 

-Muerte y estrés: paramédico relata experiencias a un año de la pandemia 

-Hospital General de Cancún tuvo que reconvertirse para atender a pacientes Covid 

-Politizar pandemia afectó el manejo de la enfermedad: Guerrero Flores 

-'A un año, todavía existe temor de contagiar a nuestras familias', enfermera 

-Habrá ‘antes y después’ de la pandemia, asegura investigadora clínica 

-Lo que somos 

-La península de Yucatán, a un año del comienzo de la pandemia 

-En 2021 han fallecido 98 trabajadores de Pemex en Campeche 

-Mi egocentrismo y la pandemia 

-Módulo Covid de 'Carmen', único en su tipo en el sureste 

-Tuve miedo cuando di positivo, pero todo salió bien, relata Alejandra Avelar

-A un año de cobertura por tiempo indefinido

-De agendas y años perdidos

-Personal de funerarias debe ser prioridad en vacunación, considera Aracely Adame

-Servicios de exequias aumentaron 30 por ciento en Yucatán, según la ANDF

-Dili Envíos: un proyecto que supo aprovechar la contingencia sanitaria

-Pandemia fue prueba de fuego para microempresarias

-Por pandemia, Yucatán perdió más de 17 mil empleos: Canaco

-Pandemia, cuarentenas y TDAH

-La pandemia eterna

-El deporte, trastornado por el virus, se convirtió en un espectáculo muy diferente

-Un año de la pandemia: El virus con más de 2.5 millones de víctimas

-Imágenes y sonidos extraños en los diferentes escenarios deportivos

-Estrategia empresarial de Carmen, referente ante contención de Covid-19 

Edición: Ana Ordaz

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